Es una premisa para el ejercicio del periodismo, según Antonio Moltó Martorell, hombre de larga vida en el sector, actual Vice Presidente de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) y Director del Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Su vocación eterna es la de enseñar.
Por Irene Izquierdo y Yalenis Figueredo. Diplomantes P. Digital
Tal vez si se hubiera dedicado al sacerdocio lo hubiera hecho muy bien. Tiene el don de dar confianza a la hora de comunicarse con él. Tremendamente activo siempre, es un incansable generador de ideas, de iniciativas que, a veces, quienes le rodean piensan que son irrealizables, pero les convence con sólidos argumentos. Antonio Moltó Martorell, siente tanta pasión por su trabajo, que cada día, al salir de su casa es como si tuviera en su punto de destino a un público al que es necesario conquistar.
Luego que recibiera la Réplica del Machete del Generalísimo Máximo conversamos largamente. Ofreció sus puntos de vista en torno al periodismo y otros asuntos de actualidad.
I.I. –Siempre afirma que no quiere hacer de su vida un asunto mediático, pero el hecho de ser director del Instituto Internacional de Periodismo José Martí lo involucra en cuerpo y alma, lo hace una figura pública de este sector, no solo en Cuba, sino internacionalmente. ¿Cómo llegó al periodismo, esa profesión tan similar a un virus incurable para quienes la aman de verdad?
A.M.- Creo que lo traía dentro. Mi padre tenía muchos amigos afiliados al Partido Socialista Popular (PSP), que iban a la casa a jugar dominó, tomar café, conversar…, y siempre le decían que yo era un buen comunicador. Al triunfo de la Revolución me propusieron para la fundación de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) . Preguntarás qué tienen que ver los CDR con el periodismo; es algo que yo jamás olvidaré. Fue mi arrancada, mi buena arrancada, en la pista caliente, entre la población, sus tristezas y alegrías, sus éxitos y frustraciones, en el romance de la gente con un nuevo proceso que nos hacía importantes a todos.
“Viví la tragedia de la falta de abastecimientos, de la falta de de espacio, del peso terrible de la discriminación racial y la discriminación social; conocí los barrios marginales y las prostitutas, no como cliente, sino con una visión rectificadora, junto con otros compañeros.
“El Partido me convocó como charlista. Comencé a dar conversatorios por toda la ciudad de Santiago de Cuba. Era algo que a mi familia –como a otras miles- nos tocaba muy profundo, porque mi padre fue albañil, trabajador de Obras Públicas; laboró por cuenta propia, cargó sacos en los muelles…, hizo de todo para mantener a la familia de manera decorosa. Al triunfar la Revolución lo nombraron jefe de reparaciones de los centros escolares de Oriente, que pertenecía a la Dirección de Educación…”
I.I. Pero aún no me ha respondido la pregunta…
A.M.-Te hago toda esta historia para que sepas que ese estadío marcó mi vida significativamente, porque yo en el periodismo no hago nada, si no pienso desde el pueblo, porque la Revolución se hizo para resolverle los problemas al pueblo; las instituciones existen para resolverles los problemas al país; el Partido lo representa en carne, cuerpo y alma, y es el líder y arrolla a todo el que se oponga a ese desarrollo del programa de la Revolución. Al organizador del Partido en la provincia de Oriente, Osmel Pozo, lo nombraron delegado del ICR y me pidió que fuera a trabajar en él en la radio. Y acepté
I.I.- ¿Cómo comenzó?
-En el noticiero. De periodismo no sabía, pero enarbolo la idea martiana de que el periodismo es una misión. Cuando llegué a la Redacción encontré a seis notables periodistas: Ramírez Nilsen, Salazar Caballero, Ernesto Meldialdea Cañizares, Sonia Franco, Ruperto Pérez López –quien fuera torturado por esbirros de Fulgencio Batista- y Carlos Selva Yero, mi maestro. Podían escribir para el periódico y para la radio.
“Introdujimos mesas redondas para discutir problemas -siempre he considerado que las cosas hay que lidiarlas con el oído pegado a la opinión del público, y con su participación-, realizamos noticieros móviles; conseguimos unos aparatos de control remoto y todos los días salía el noticiero desde un municipio diferente. Íbamos a hacer las noticias a lado de las personas, en sus propias voces en las plazas de los pueblos. Después pasé a dirigir la emisora CMKC. Más adelante se creó el canal Tele Rebelde, en Santiago, y un tiempo después asumí su noticiero, junto con los de la radio”.
I.I.-Salvando la diferencia, ¿lo hacía con el mismo criterio de la radio?
-Mi tónica siempre ha sido estar pegado a la realidad, y haciéndoles saber a los representantes de las instituciones que si ellos están ahí es para servir a este público, y si no sabes cómo se llama el público al que vas a servir, averígualo, vincúlate a él, porque en él está la esencia. La Revolución triunfó por el apoyo popular y por el compromiso popular.
I.I.- ¿Tenían retroalimentación?
A.M.-Mucha. No concibo el trabajo dirección de un medio de prensa, sin tener en cuenta la retroalimentación, y si no se ordenan los procesos para que siempre, el más humilde de los redactores de un boletín noticioso sepa que su horario es el más importante, por las personas que lo escuchan. Ante eso hay que tener un elevado sentido de responsabilidad y la pasión. Nada se torna más aburrido que cuando se pierde la pasión del discurso y del empeño; hay que salir todos los días como el que va a ganar la pista en el más importante certamen. El agotamiento no funciona en el periodismo. El cansado vaya al banco y trate de recuperarse, si puede. Hace mucho daño el discurso soez, la repetición cansona, el enfoque igual de problemas diferentes.