Entrevista con el Dr. Darío Machado
El periodismo: Parte inseparable de la obra de la Revolución socialista
Por Martha Ivis Sánchez/Yirian García. Diplomantes P Digial
Una entrevista con el Dr. Darío Machado, Profesor Titular Adjunto del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, es una oportunidad especial para ahondar sobre la realidad cubana desde la perspectiva de un cientista social “a pie de obra”. Licenciado en Ciencias Políticas y Doctor en Ciencias Filosóficas, a su autoría corresponden textos que escudriñan puntos neurálgicos de la actualidad nacional y extranjera entre los que cabe destacar Burocracia y Burocratismo, Cuba: Ideología Revolucionaria y Pensar la sociedad. Artículos suyos han despertado fervientes polémicas dentro y fuera de nuestro territorio y la dialéctica de su discurso ha sentado huellas en el periodismo cubano, del cual ha sido embajador en numerosas conferencias impartidas fuera del país.
Para quien ha escrito Nuestro propio camino. Análisis del proceso de rectificación en Cuba, a su modo de ver ¿En qué momento ideológico se encuentra nuestro proceso político y qué tendencias avizora?
-No es posible en una entrevista responder como merece una pregunta como la que me acaban de hacer. Por ello apenas intentaré un rápido esbozo a sabiendas de sus inevitables insuficiencias.
El proceso revolucionario cubano está en un momento crucial, en el que interactúan los fundamentos culturales-políticos abonados en su decurso —me refiero esencialmente al patriotismo, la conciencia del significado de la independencia y de la soberanía nacional, de la identidad cultural, el significado de la cohesión social, la solidaridad, la igualdad en importantes aspectos de la vida ciudadana como la educación, la salud, la seguridad social, la identificación con el ideal socialista, etc.—, junto con los procesos de globalización dominados por la ideología capitalista, las diferencias generacionales, las contradicciones entre los cambios que es preciso hacer y las fuerzas internas que se resisten a ellos o no están preparadas para asimilarlos, las tendencias burocráticas inerciales, el cansancio inevitable luego de décadas de lucha, el recrudecimiento del bloqueo y de la propaganda antisocialista y añadiría —claro que entre muchos otros factores— el incremento de las formas privadas de propiedad y de las relaciones mercantiles que gradualmente pondrán bajo las reglas de distribución del mercado diferentes bienes o beneficios que hasta ahora se otorgaban por criterios no mercantiles.
Añádase a esto que la necesaria flexibilidad en la actividad económica para hacerla más eficiente y compatible con los cambios y exigencias de la realidad, requerirá un criterio de planificación que permita adaptar las finalidades previstas a las modificaciones que paute el proceso económico, lo que entrará en contradicción con los criterios tradicionales de pensar el plan y su ejecución.
En el caso de las entidades bajo diferentes formas de propiedad social, que serán las predominantes, esto se anuda a un mayor protagonismo de los colectivos laborales y a una nueva manera de vivenciar la propiedad social, lo que implicará no solo una participación mayor en las decisiones y en los beneficios, sino también correr los riesgos de la entidad económica tanto en el plano colectivo como en el plano individual.
No es difícil entender los nuevos requerimientos que tales condiciones impondrán a las administraciones, a las organizaciones políticas y al movimiento sindical.
Como línea matricial nos encaminamos hacia una economía mixta, con predominio de la propiedad social socialista, en la que se observarán crecientes desigualdades desacostumbradas por medio siglo entre los cubanos, así como la redistribución de cuotas de poder y la recreación de una base más amplia para el intento de resurgimiento de la vieja ideología burgués dependiente de esencia liberal, pero ahora fusionada con todos los desvaríos del posmodernismo.
La obligada apertura hacia las relaciones económicas y comerciales internacionales dominadas por el modo capitalista, actividad creciente en la que interactúan no solo mercancías y recursos financieros sino también personas, el incremento del turismo y de las relaciones culturales abren oportunidades de aprender del mundo, pero también habrá una mayor influencia de los patrones de vida del capitalismo tardío, en particular del consumismo, del individualismo y el egoísmo.
Se abre por tanto un terreno mayor y más complejo de confrontación, entre la ideología de la Revolución cubana con sus valores de patriotismo, colectivismo, solidaridad, enfoque científico de la construcción social, consumo saludable, protección del medio ambiente, etc., de una parte y de otra el pensamiento liberal burgués, en el que habrá que luchar contra la tendencia al individualismo, al egoísmo, a la libertad entendida sin conciencia del deber, a un criterio individualista de ciudadanía, cuyo correlato económico es la propiedad privada. Se trata, desde este ángulo, de la afirmación básica del pensamiento liberal que postula que el crecimiento del bienestar solo es posible sobre la base de la propiedad privada, fuente de la explotación, de la desigualdad y la injusticia social.
La necesaria democratización de la sociedad cubana en transición socialista, la descentralización en la actividad económica, la transparencia informativa, el enriquecimiento de la subjetividad y participación de la ciudadanía, no pueden confundirse con el regreso al pensamiento liberal.
Obviamente, serán decisivas las transformaciones concretas que se vayan realizando en la actividad económica, en las normativas jurídicas y en las estructuras organizativas. No será con puros llamados a cambiar la mentalidad, por bien enunciados que estén, que se avanzará. Será la propia práctica la que vaya cambiando la mentalidad. El correlato ideológico de los cambios cobra sentido práctico si estos se realizan.
De lo anterior se desprende que en estos cambios, más que nunca, es imprescindible cuidar la correcta articulación de las actividades socioeconómica, organizativa, jurídica normativa e ideológica política.
Por estos días, en el país se discuten las directivas emanadas del informe central al VI Congreso del Partido. En este documento hay un llamado a mejorar el papel protagónico de la prensa cubana. Desde su experiencia como docente y profesional de la comunicación, ¿qué retos entraña el ejercicio de un periodismo de opinión en estos momentos de crisis mundial y de cambios en Cuba?
-Nuestra prensa en general se ha ocupado con mayor profundidad —y yo diría también con mayor acierto— del tratamiento de los problemas que entraña la crisis mundial que de los cambios en proceso y los cambios necesarios en la sociedad cubana.
Los retos de la comunicación social en Cuba no son solamente de la prensa o del periodismo de opinión. Un asunto tan importante, por ejemplo, como el de las fuentes de información imprescindibles para el ejercicio del periodismo en todas sus manifestaciones, es algo que no depende exclusiva ni fundamentalmente del periodista; otro ejemplo, el necesario clima de confianza para ejercer constructivamente el análisis crítico es algo que no depende exclusiva ni fundamentalmente del periodista. Son temas que en Cuba dependen del Partido y del Estado cubano en primera instancia.
Puedo, además, afirmar que la inmensa mayoría de los periodistas cubanos son profesionales responsables y comprometidos con el presente y el futuro del país, capaces de opinar con profundidad y profesionalismo, con franco apego a la veracidad sobre los asuntos que entran en su competencia. El reto principal que tiene el periodismo de opinión hoy en Cuba es que se liberen las fuentes de información y que se acepte con normalidad y se respalde la crítica ponderada, responsable y comprometida sobre cualquier asunto de interés de la población, que no se pode o proscriba con el pretexto de no dar municiones a los que atacan a Cuba, que por el contrario se estimule el afán de mejorar la obra de la Revolución a través de uno de sus más poderosos institutos ideológicos: los medios de comunicación.
Hay tres retos importantes, que dependen de nuestros periodistas: uno es sacudirse la autocensura; otro es incrementar la cultura general y el tercero es producir mensajes con un mayor toque de terrenalidad, más cercanos al cubano común.
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