En la Cuba de Paquito

Francisco Rodríguez se ha vuelto cotidiano para nosotros por diferentes vías, como periodista en Trabajadores, comentarista en Haciendo Radio y bloggero. A pesar de que asegura ser “un tipo normal y corriente”, su vida tiene muy poco de esto último.

Por Justo Planas. Trabajadores. Diplomante P.Digital

Las entrevistas no deberían ser extensas, ni desordenadas, ni saltar de un tema a otro. Pero Paquito (Francisco Rodríguez Cruz) inspira preguntas de todo tipo, cuando uno se tropieza con una persona como él, sencillamente fuera de serie, quiere saber qué estudió, quiénes eran sus amigos, cuáles eran sus sueños… y de ahí, del pasado hasta el presente. El que tropezó con este post sin conocerlo, por favor, que espere el próximo párrafo, donde él mismo se presenta, y luego me contradiga. Antes, hay que aclarar: Paquito es un hombre que hace feliz y hasta donde conozco (casi) todo el mundo lo quiere.
“Soy Paquito, el de CUBA ─se presenta en su blog─; martiano y periodista; comunista y gay; ateo convencido y supersticioso ocasional; padre de un hijo varón a quien adoro y pareja desde hace casi siete años de un hombre seronegativo que me ama; paciente de SIDA desde el 2003 y sobreviviente por más de cinco años a un linfoma no Hodgkin; profesor universitario y alumno de la vida; seguidor de los temas económicos cubanos y apasionado devorador de literatura universal; opinático incontinente y beligerante mesurado; amigo de mis amigos y compasivo con mis enemigos; equivocado muchas veces y arrepentido nunca; optimista empedernido y entusiasta eterno; vivito y coleando; en fin, otro tipo normal y corriente, que quiere compartir contigo su historia, opiniones y anhelos…”
¿Por qué escogiste periodismo?
Por accidente, literalmente. Me arrolló un carro en Nuevo Vedado. Fue un choque aparatoso, acabé casi con el carro pero a mí no me pasó casi nada, me fracturé el peroné y tres o cuatro puntos en la cabeza. ¿Qué tiene que ver con el periodismo? La persona que me arrolló estaba muy preocupada y me regaló cosas para la escuela: plumones… y me regaló las Obras Escogidas en tres tomos de José Martí. En noveno grado, cuando vi los libracos aquellos dije “¿Ahora qué hago yo con esto?” Pero como tenía un pie fracturado, no tenía nada que hacer y estaba en mi casa, me puse a leer. Cogí furia con Martí. Y de Martí al periodismo no va nada. Así fue como nació mi vocación.
¿Cómo recuerdas aquellos tiempos de estudiante en la Facultad de Comunicación?
La Facultad… yo no fui un universitario de mucha vida universitaria. De pronto comienzas a estudiar una carrera de ejercicio del criterio y a dar opiniones sobre cosas y sobre todo sin tener una experiencia vital suficiente. Fui pasando de una escuela a otra: de primaria para la secundaria y el pre en la Lenin, de ahí para la Universidad, o sea, una vida demasiado cerrada. Desde el punto de vista de experiencia uno llega siendo entonces un inmaduro. Esa fue una de las cosas que hizo que para mí ese período no fuera tan relevante como vida universitaria… Sí pasaron cosas importantes a partir de que me empecé a insertar en los medios.
¿Por qué en los medios de comunicación y no allí?
Porque te daban la posibilidad de trabajar y publicar y uno lo asume con mucho ímpetu. Y creo que eso es lo que de verdad te forma como periodista. Y al final de la carrera, en el discurso de graduación, dije una cosa que a mucha gente no le gustó y todavía me lo recuerdan, una frase de Hemingway que dice que lo importante de la universidad no es lo que uno aprende sino la gente que uno conoce. Eso es lo mejor de la universidad: hice muy buenas amistades, aprendimos a valorar lo discrepante. El grupo de nosotros era muy heterogéneo. En primer año, éramos como 60, de los cuales había desde una coreana, un griego, un ruso, chileno, colombiano, mexicano, aquello era una torre de Babel. Y en esa torre de Babel, el presidente de la FEU era yo (se ríe). Era muy divertido porque nadie entendía nada de lo que yo hablaba. Había personas en el grupo nuestro que no entendí y con el tiempo me di cuenta de que era inmadurez mía, era gente que venía incluso de otras carreras, que eran Orden 18, gente que tenían otras perspectivas de la vida menos esquemáticas que yo. Yo era muy esquemático.
A propósito de la frase de Hemingway, ¿encontraste alguna persona que hiciera que hoy tengamos en frente a un Paquito distinto?
Decididamente, Magali García Moré, que era la decana de la Facultad en ese momento y fue la directora de Bohemia y Trabajadores. Ella entra en la Facultad el mismo año que nosotros, después de los sucesos de la reunión de Fidel con los estudiantes de Periodismo. Magali ayudó mucho a que creciéramos como estudiantes. Hizo cosas muy locas como permitir que los delegados de la FEU formáramos parte del Consejo de Dirección. Y ahí casi siempre se dividían las votaciones entre los profesores más antiguos de la Facultad y el bloque de los estudiantes con la decana. Fue una lucha de poder interesante. En ese período se empezaron a hacer los trabajos con los llamados productos comunicativos, antes de ese período se hacían tesis muy teóricas, pero no existía esa vocación hacia lo práctico. Realizamos trabajos de producción en centros importantes como el Blas Roca, que estaba en todo su esplendor en aquel momento.
La generación tuya es muy compleja, desde mi perspectiva. Porque todo el proceso docente se desarrolló en una Cuba y los preparaba para esa misma Cuba, menos compleja y diversa incluso de lo que puede ser la Cuba de nuestros días. Empezando por la doble moneda, desde ese sencillo cambio económico hasta tantísimos otros. El periodismo cubano también sufrió transformaciones de reducción de tirada, plantilla… ¿Cómo fueron tus primeros pasos como trabajador dentro de este escenario?
A nosotros nos cogió durante la carrera el proceso de la Glasnost y la Perestroika en la URSS, que de alguna manera marcó mucho los debates hacia el interior de la Facultad. La desaparición de la URSS terminó de tensar las cosas. Imagínate tú, cuando yo me gradué en el año 93, ganábamos 198 pesos y el dólar estaba a 100 pesos (se ríe). Entonces, era como no ganar nada. Pero yo no recuerdo esa angustia económica, quizás porque no tenía grandes responsabilidades desde el punto de vista familiar, sería porque no había tampoco nada que comprar (se ríe).
¿Dónde comenzaste a trabajar?
En Trabajadores, yo soy fan de Trabajadores.
Y ¿cuáles fueron tus choques con esa realidad laboral?
Para mí entrar a Trabajadores no fue traumático, porque lo conocía desde que era estudiante. De hecho, hasta mi tesis la hice aquí… un día hasta me quedé encerrado en el periódico yo solo (se ríe). Me acuerdo que había unas computadoras de palo y ahí pasaba las encuestas. El periódico me apoyó mucho.

Mirando hacia atrás, ¿cuánto ha cambiado el periódico Trabajadores desde de que llegaste?
Yo he tenido dos etapas en el periódico. Porque me fui cuatro años a la administración tributaria. Cuando comencé en el periódico tuve que atender los temas económicos, puros y duros. Me sirvió de mucho, tuve que recorrer todo el país. Y como estábamos en el Período Especial, los congresos sindicales no se celebraban en una sola sede sino uno por provincia, y el secretariado nacional iba por cada una. Yo creo que se gastaba más (se ríe). Y con eso, recorrí el país como tres veces y de paso lo conocí. Después empecé a atender organismos globales de la economía, me acuerdo que por lo primero que empecé fue por la Administración Tributaria en La Habana, empezaba el lío de los impuestos, y estaba eso en una efervescencia tremenda.
Y me fui para allá, para un equipo muy loco. La mayoría eran jóvenes, menores de 30 años, compañeros míos de la universidad. Aquí en el periódico no gustó, pero tampoco se opusieron. Aprendí mucho allá, aprendí a hablar en público, a conducir un acto. Yo era un simple periodista y ahora era jefe, tenía muchas responsabilidades, con un equipo que se me subordinaba. Tenía que irme a provincia a hacer controles.
Después volví a Trabajadores, porque aquello no era definitivamente mi vocación, nunca fui muy bueno como burócrata, se me perdían los papeles, no sabía qué hacer con la secretaria, en fin… Cuando llegué al periódico todo era distinto. Había otras personas, volvía a atender los mismos temas, pero no era el mismo equipo y eso marca dos etapas distintas.
Pero yo veo que tú tienes una oficina, esa muchacha de allá atrás es tu secretaria, ¿no?…
Eso dicen (se ríe)…

¿Qué tal el trabajo aquí además de periodista como jefe?
Aquí a uno desde que llega le dan cargos. Yo he pasado por el sindicato, por el Partido, la UPEC… y más cuando uno se coge con interés las cosas. Pero yo no creo que haya nada de excepcional, yo creo que soy mejor periodista que jefe. Me gusta negociar, tratar de que a la gente que está conmigo se le reconozcan las cosas. El mérito de mis compañeros, creo, es mi propio mérito.
¿Y como profesor…?
(Se ríe) Cuando yo salí de la Facultad, entre otras cosas, dije que no regresaba más nunca. No me sentía cómodo, la decana se había ido. Pasaron varias cosas. Mi discurso final no fue muy aceptado, a pesar de que seguía siendo el presidente de la FEU de mi grupo, fui el mejor graduado del año, eso nadie pudo evitarlo, porque fue un honor que me dieron mis compañeros. Pero no regresé hasta que Julito (Julio García Luis) comenzó de decano. Me di cuenta de que me gustaba la idea de compartir cosas con los muchachos y de saber qué estaba pasando en la Facultad. Por eso empecé en la Sede Universitaria, además por un problema económico, también me interesaba saber qué estaba pasando en la Sede, conocer el fenómeno ya como periodista. Este año, entonces, me llamamaron para trabajar en el diurno, y como ya se han pulido esas desavenencias, acepté.
¿Cómo se te ocurre hacer un blog?
Me dieron la conexión, y me dije “Si voy a utilizarla de una manera que me guste, voy a hacerlo lo mejor posible”. No sabía mucho de blogs, pero tenía la necesidad de decir determinadas cosas.
¿Qué cosas?
Cosas que quería contar. Sobre todo siempre he dicho que detrás de esas cosas está el propósito de escribir para mi hijo que es a quien le debo todas las explicaciones de este mundo y nunca me van a ser suficientes todas las que le dé. Él es mi lector, mi meta. Hay otra. Trato de explicarme a mí mismo, y de paso ayudo a los demás a entenderse.
Al entrar en Facebook me encontré con mucha gente, de la Facultad, de la Lenin, muchos en el exterior. Amigos, que crecimos juntos, pasamos por muchas cosas juntos. Si bien no soy una gente de amarrarme a amigos, nunca he cultivado las amistades estas de andar juntos para todos lados, siempre, desde la Lenin, me he relacionado con mucha gente a muchos niveles. No era de andar en grupitos… Me los encontré. Quería contarles, que no se enteraran por otra gente de lo que debía decirles yo a mis amigos, a mi familia, a mi hijo en primer lugar… Y por eso es que entré.
Aquel día 3 de diciembre del año pasado, cuando puse publicar, dije “Bueno, que pase lo que pase”. De todas formas yo había hecho un análisis de lo que quería poner, incluso lo puse por escrito. De hecho la presentación del blog era una vieja crónica que tenía pensada pero no tenía donde publicar, yo no la he escrito. Pero fíjate, no escribo el blog con días de antelación. Un día, llego al trabajo o a la casa, me siento, lo escribo y lo publico. No es literatura. Soy muy vago, me cuesta mucho trabajo escribir y por eso escribo tanto, me lo pongo como una obligación. El blog te exige constantemente poner cosas, por eso me lo exijo, es una buena disciplina. Como soy dejado, lo escribo contra cierre.
Con el blog, al momento de creado, empezaron a pasar muchas cosas. Había atractivos que esperaba. Puse incluso lo que quería lograr con el blog y lo que no. Algunas cosas se cumplieron, otras no. Incluso he sido tratado distinto de lo que yo pensaba. Por ejemplo, yo estaba claro de que iba a haber ofensas, hubo, de hecho, menos de las que yo pensaba. En estos meses, ofensas agresivas, groseras, hay cuatro, tal vez unas más, porque en este último mes ha habido mucho acceso de gente que no había descubierto el blog. Porque el público del blog comenzaron siendo los amigos, fundamentalmente. Y por tanto la discusión era distinta, porque me conocían personalmente. Pero ya no es el caso. Y entonces, esa fue una de las cosas que me sorprendió, que la gente no era tan agresiva como yo pensaba, todo lo contrario, he encontrado mucho apoyo, mucha solidaridad, hasta cariño incluso de las personas que son críticas con la Revolución pero de alguna manera se sienten identificadas con las otras subtramas de la historia.
Hubo cosas que no esperaba, que la agenda se adecuara al tema Cuba. O sea, yo escribo una cosa y comentan de otra, que no tiene nada que ver con lo que estoy escribiendo, pero se dan cuenta de que es un espacio donde se puede intercambiar, donde yo modero pero todo lo apruebo, todo lo respondo y eso ha determinado que de alguna manera que intenten (y yo lo consiento porque lo creo útil) a que pongan su agenda en el blog, que por lo general son muy agresivos contra la Revolución, pero están en todo Internet. Yo creo que es mejor que estén en mi blog y yo dé mi opinión, a que no los publique y sencillamente no pueda dar mi punto de vista al respecto.
Desde la misma forma en que te presentas, eres para Trabajadores Francisco y para el blog Paquito, se dibuja una diferencia entre uno y otro espacio. Y es que estás hablando de tu vida personal, qué implicaciones tiene en tu vida real, no la virtual, en tus relaciones con tus compañeros de trabajo, vecinos, este blog donde ahora tus asuntos personales son públicos.
Mucha gente conocía muchas cosas personales de mí, pero no todas. Y lo hice porque los blogs funcionan a partir de la autenticidad y no tenía sentido, hablar sobre una tercera persona… No me quedó más remedio que contar mi propia historia para ayudar a entender determinados fenómenos y ser la prueba de algo que mucha gente piensa que no es posible, que una persona así como yo exista. Han llegado a dudar de mi existencia, al principio sobre todo. La gente en sentido general ha reaccionado de diferentes maneras, como norma me siento más apoyado, más satisfecho.
Hay gente que no te dice, aquí en el periódico, y yo sé que lo lee, pero les cuesta trabajo hablar de eso.
Los seres humanos tendemos a clasificar las cosas y encima les ponemos etiquetas de bueno y malo, y por cierto nunca nos ponemos en ese último pomo. Y tú entras al menos por la presentación de tú blog, dentro de las etiquetas malas de una gran cantidad de seres humanos del mundo. ¿No te has tropezado con muestras de rechazo en tu vida cotidiana?
Al contrario. He sentido que la gente se preocupa más por mí. El que ha pensado mal, si lo ha hecho, no lo ha manifestado. Algunos sí lo han hecho personalmente, me han dicho “No había necesidad de hacerlo así”, o me ha dicho “Tú eres una gente seria”. Pero es que la seriedad no está reñida con nada de lo que yo estoy diciendo ahí, el paquete viene junto. Precisamente ese es el mensaje, las personas no son de una sola pieza, ni son de una manera y no de otra. Todo eso soy yo, soy serio y eso también.
¿Qué tiene que ver, para ti, el VIH y ser gay con la Revolución Cubana? Esas categorías coinciden en tu blog con frecuencia.
No están directamente conectados. Pero a la Revolución se la ataca por todo, y uno de los terrenos es su actitud ante la homosexualidad porque hay antecedentes históricos importantes de discriminación. Y el tema VIH, que ha sido un proceso mundial, ha sido marcado con un estigma social polémico. Mostrar que esto no es incompatible con las posiciones de defensa de la Revolución a mí me parece que un ejercicio importante.
Dijiste una vez que no escribías igual para el público extranjero que para el cubano.
No se trata del público, sino del medio, que los consumen distintos públicos. No puedes escribir igual para distintos públicos. Es marketing. Me siento ahora más cómodo y más relajado porque tengo maneras de expresarme de distintas formas y en diferentes lugares. Por ejemplo, de las respuestas a los comentarios del blog, yo he sacado argumentos para columnas del periódico muy formales y que tienen una determinada manera de estructurarse, un lenguaje, una pauta. También ahora con la posibilidad de comentarios en la radio, lo que no digo en Trabajadores, lo saco en Haciendo Radio, pero eso es válido.
Tu blog ha ido creciendo en importancia. Empezaste con algo pequeño y tal vez no habías planeado su futura relevancia.
Bueno lo haré mientras pueda, mientras no me aburra. Yo no lo hago con ningún objetivo fundamental.
¿No han cambiado tus objetivos?
No han cambiado. Trato de no apartarme de lo que quise en su momento para el blog. Siempre voy a escribir sobre lo que yo quiero dejar escrito, no me interesa por ejemplo ponerme a filosofar o a polemizar sobre temas que no me llenan espiritualmente.
¿Te ha ayudado hacer tu blog?
Me siento mejor, más libre aún de lo que ya me sentía, porque ni la debo ni la temo.

Enlaces Relacionados :
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Entrevista “Paquito el de Cuba: Revolucionario y gay” de Yuris Nórido:
Columnistas trabajadores: Francisco Rodriguez Cruz

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Centro docente para la capacitación y superación de los periodistas de Cuba y América Latina
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2 respuestas a En la Cuba de Paquito

  1. Ramon Bello dijo:

    Muy interesante este relato. Siempre me llama la atencion los articulos donde conjuntamente con el mensaje que se trata de llevar, cualquiera que sea, se presenta de una manera vivencial. Gracias por hacerlo y que sigan escribiendo asi.

  2. BLANCA CHIQUITO G dijo:

    Ese es el Paquito que conoci en Cuba la bella… un libro abierto de conocimientos y sin embargo sencillo y carismático… facil de querer y admirar… un beso hermano desde Ecuador.

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