Mi pensamiento por escrito

Todos conocen al Luis Sexto periodista y muchos lo admiran por su estilo. Entre otras muchísimas cosas, es profesor y todos en el aula reconocen su refinada oratoria. Sin embargo, esta vez se nos revela como teórico.

Por Justo Planas. Trabajadores. Diplomante P Digital

Sus libros Cuestión de estilo y Arte y Literatura son, como todo lo que escribe, una clase de estilo. Luis Sexto tal vez sea el teórico del periodismo más poético que existe. ¿Y cómo no serlo, si de estilo precisamente está hablando en estas dos obras? Pero a estas ideas no llegó por senderos despejados, su paseo por la teoría del periodismo fue extenso y complejo, como ocurre siempre con los viajes nutricios…

Usted primero empezó a ejercer el periodismo y luego fue que lo estudió.

Sí. Yo estudié después el periodismo, en una academia, pero dadas mis inquietudes desde muy jovencito, casi sin percatarme, fui preparándome para ese momento. Siempre supe, desde mis 16 años, que esa sería mi vida. Así lo programé. Por lo tanto desde esos años me acompaña la lectura de autores literarios y periodísticos. Cuando yo llegué a una redacción ya sabía más o menos con lo que me iba a encontrar.

Y cuando llegó a la academia en aquellos momentos, por supuesto ya tenía un dominio…

Cuando yo llegué a la academia ya tenía práctica. Matriculé en la Universidad en el año 74. Llevaba ya dos años de ejercicio. Entré en el 74 pero no me gradué en el 79 sino en el 87. Pasé 12 años estudiando otra carrera: mi trabajo era tan complicado que estaba constantemente moviéndome fuera y dentro del país. A veces empezaba un curso y lo tenía que abandonar y matricularme al año siguiente.

Incluso algunos profesores me dieron la suficiencia sin necesidad de asistir a clases. Tuve después que leer mucho más, estudiar mucho más. Y para dar clases he tenido que leer mucha teoría. Y he tenido que mirar lo que yo hago desde las perspectivas teóricas, que me han servido, porque he encontrado algunos enfoques originales.

¿Qué bibliografía referente a géneros era, en aquella época, la que circulaba en el país y la que se impartía en la academia?

Los libros eran muy escasos. Recuerdo que el único libro del que empezamos disponer, y que se convirtió en un vademécum, es decir, en un libro fundamental, fue el libro de Benítez, en el 70. Los cubanos escribieron muy poca teoría, a excepción de algún profesor de la universidad o algún reportero como Luis Rolando Cabrera que escribió un buen libro de reportajes, que para mí es fundamental: Anatomía del reportaje. Lo publicó la editorial Oriente hace muchos años. Yo lo conseguí y se lo di a la Pablo para que lo incluyeran en el plan de libros de la Facultad. Me parece que Luis Rolando Cabrera, que trabajó en Bohemia y lo único que hizo en su vida fueron reportajes, tiene aproximaciones interesantísimas al reportaje, que yo hoy mismo le estaba recordando a los muchachos, e incluso al grupo tuyo le hablé en algún momento de la noticia vivida. No sé si recordarás que dije: “El reportaje según Luis Rolando Cabrera es la noticia vivida”… es decir, la vive no solo el personaje que le hace la noticia sino la vive el reportero que la cuenta, por eso el reportero tiene tanto espacio en el reportaje para la creación. Es un libro que tiene cosas muy buenas, pero pasó inadvertido. En aquella época, en los 70 y 80 no había todavía entre los cubanos un movimiento teórico como ahora, de escribir teoría, de explicarse teóricamente. Y los libros que venían del extranjero… Yo quizás podía disponer de algunas cosas que pude comprar, o algunas cosas que me prestaron, recuerdo que el primer gran libro que leí sobre periodismo, que no era el libro de Benítez, o el de Luis Rolando, o el librito de Santiago Cardoso; fue el libro de Alexis Márquez, La comunicación impresa, me lo prestó Miriam.

¿Y Vivaldi?

Ah, bueno, Vivaldi. Vivaldi era ya la fuente básica. Vivaldi en el Curso de redacción porque nunca tuvimos el libro de Los géneros periodísticos, yo lo leí porque alguien me lo prestó en una edición española. Pero, sí, Vivaldi y Benítez eran los teóricos fundamentales. Benítez, por ejemplo, tú te das cuenta hoy que ya está viejo, que ya está atrasado…

No me parece viejo.

¿No? Quizás yo he estado consultando otras cosas últimamente. Pero muy exacto. Yo no tengo prácticamente discrepancias con Benítez, que si la tengo con otros en la opinión, incluso en el reportaje. Pero Benítez sigue siendo lo que fue. La edición próxima hay que adecuarla. Ya los tiempos, lo ejemplos que él pone ya caducaron.

Persiste sobre todo el propósito de hacer una teoría del periodismo adecuada al sistema cubano. Es un mérito que tiene.

Sí, lo tuvo, sí. Y siempre puso el banderín muy alto. Sus modelos eran muy altos, no se contentó con cualquier cosa en los modelos que presentó, quizás lo que ya están viejas son las condiciones sociales. Ya la Cuba de hoy no tiene nada que ver con la Cuba del 70, nada que ver. En una próxima edición necesitaremos una readecuación de los ejemplos, de las categorías sociales que él usa. En ese sentido, creo que puede estar un poco viejo, un poco desfasado ya, pero eso nos pasa a todos. A todos los libros les pasa. Pero en su concepto de la teoría del periodismo, de los géneros, me parece muy atinado. Y era un profesional que sabía su práctica y sabía la teoría de su práctica.

¿Y existe una diferencia marcada en la manera de entender el periodismo desde esa facultad y desde una facultad de comunicación?

Era un departamento de la escuela de Artes y Letras. Algunas de las profesoras de aquel momento, que están todavía aquí, que eran un poco más jóvenes que ahora, sabían lo que se traían entre manos. Miriam Rodríguez siempre supo lo que hacía y decía. Es más, lo que yo aprendí de la crónica, la esencia de la crónica me la enseñó Miriam Rodríguez cuando dijo: “En esta escuela no se enseña a escribir crónicas porque la crónica es un género que no se puede enseñar”. Había una claridad genérica sumamente original para aquellos años. Había un deseo, una volunta de apartarse de lo trillado, de darle un margen al pensamiento creador, y yo creo que ese es un pensamiento claro. Ahora me parece que es mejor, porque esas profesoras le han dado el valor agregado de la experiencia a todo lo que ya sabían y Miriam ha derivado en una teórica respetable en todos los sentidos. Lo más que me gusta de Miriam es el lenguaje teórico que emplea, que por ejemplo yo, que me dedico un tanto a la teoría no puedo emplear.

Pero con la mudanza de la Facultad de Artes y Letras a la Facultad de Comunicación Social hay también una mudanza teórica en la manera de concebir el periodismo.

Ahora hay una vinculación, hay una simbiosis entre ambos conceptos. Claro que el periodismo es una ciencia y está muy bien que esté n la Facultad de Comunicación Social porque es un medio dialógico y su materia prima son los hechos que ejecutan las personas, la noticia es precisamente eso, la noticia es un modo de conocer a la sociedad y de conocer al hombre. Pero no podemos olvidar tampoco que el periodismo es talento, es actitud, es intuición, todas esas cosas están presentes, como en la literatura. Tú puedes saber toda la teoría de los conjuntos semejantes a la hora de escribir un poema, o puedes ignorarla y sin embargo escribir un gran poema, porque un poema responde también a un marco referencial de época y de lectura. El periodismo me parece que tiene un pie en la ciencia y un pie en el arte.

Creo que nuestra facultad, en ella el Departamento de Periodismo, está muy clara con respecto a esa simbiosis, a esa conjunción creadora. Incluso mantiene en su claustro a profesores adjuntos que se han desarrollado toda la vida en la práctica, y que la teoría que saben es precisamente para explicarse lo que hacen nada más. Sin embargo, están como profesores ahí, no tanto por la teoría que saben como por el dominio práctico que tienen de la profesión. Yo divido esto así, profesión es lo que me enseña la Facultad de Comunicación Social, oficio es lo que me enseña la intuición, la inspiración, el talento, la dosis de romanticismo que lleva el ejercicio del periodismo: Esa conjunción creadora es por la que yo abogo, y eso es lo que hace sumamente interesante esta profesión. No queremos técnicos de laboratorio que no sepan arrancarle una lágrima al lector. Si saben explicarse la lágrima, pero no arrancarla, no sería ya una buena escuela de periodismo.

¿Fue profesor de la Facultad de Comunicación desde qué año?

Empecé en el 88. Me gradué en 87 y ya la Facultad quiso contar con mi experiencia, más que con mi teoría. Empecé en el 72 en un medio, aunque escribí mi primer trabajo desde el 68: Me senté en la máquina a escribir aquel artículo, espontáneamente, porque era una necesidad para mí. Leía un autor y me sentía obligado a escribir mis impresiones, y mi tesis sobre ese autor. Por eso digo que es un artículo, porque había una tesis, no solo había una impresión, no solo una emoción, había sobre todo una tesis. Y ¿nadie me había enseñado? Sí: todos los artículos que yo había leído previamente. Yo era un lector de la página editorial de El Mundo, que en esos años, 67, 66, era lo mejor que se escribía en los periódicos cubano. Tuve la fortuna de leer además a Rafael Suárez Solís, un español aplatanado, que era un certerísimo ensayista. Tuve la suerte de leer a Mario Parajón, un teatrista, un hombre lleno de cultura teatral, pero que escribía ensayos también de una manera muy atractiva, muy potable.

¿Qué asignaturas impartió en aquel momento?

En un momento Reportaje, Redacción y estilo del periodismo, y ahora desde hace algunos años Estilística y narrativa, que yo no le hubiera puesto ese nombre, porque yo no doy estilística: lo que trato es de precisar algunos valores del estilo que enriquecen, que pueden enriquecer y perfeccionar el enunciado del periodismo, y algo de la narrativa del reportaje, las técnicas elementales de la narrativa literarias fijadas al reportaje.

¿Además del estilo, qué otros elementos de los géneros periodísticos usted utiliza (me refiero a investigación, cuestiones ideológicas de los géneros periodísticos)?

Esta es una asignatura sumamente técnica, pero la asumo siempre desde una perspectiva ético-cultural. No puedo separar el estudio y el análisis del reportaje de la postura ética del reportero, sin los valores predominantes en el mundo del reporterismo, y por supuesto, sin tener en cuenta la perspectiva cultural del periodista, eso parece que es una cosa automática, aunque el programa no me lo exige. Enseño técnica sin separarla de la ética y sin separarla de la cultura.

¿Sobre qué puntos debería insistir, o volver, la carrera de Periodismo?

A mí me parece, y lo planteo aquí porque lo he hablado en alguna reunión de la Facultad, del Departamento… a mí me parece que nos estamos precipitando mucho en la enseñanza de los géneros en los primeros años. Tiene que haber en primer y segundo año un acercamiento genérico sumamente elemental, que le permita al alumno adentrarse en el preámbulo de la carrera y del oficio; y ya en los años siguientes, entre tercero y cuarto empezar a repensar los géneros. Es cuando podríamos abrir a los géneros en toda su profundidad y en toda su innovación y renovación. Porque se está dando el caso, y yo lo noto porque doy clases en cuarto año, de que lo que aprendieron en primero ya no se recuerda; e incluso tienen tanto lugar común cimentado en su conciencia de estudiante, en su reserva de conocimientos, que hasta choco con los juicios más originales.

Dar en primero y segundo todo lo que tiene que ver con los géneros puede incapacitar para verlos en cuarto y quinto desde otra perspectiva. Porque tienen sumamente fijado, casi escolásticamente, los géneros, sus definiciones y sus funciones. A mí me parece que los géneros, sobre todo los géneros mayores, deberían estudiarse en los últimos años cuando ya el alumno tiene un marco referencial sumamente amplio y cuenta además con una práctica que le ha permitido formarse ya algunas ideas, que les permiten asumir la teoría más productivamente. Creo que la teoría no se aprovecha productivamente en la escuela de periodismo. Esta es la bronca milenaria entre la teoría y la práctica. Por eso yo no creo que sea necesario saber primero la teoría para después hacer la práctica; mi experiencia me dice que la práctica te pone en condiciones de asimilar mejor la teoría, pero tú tienes que llegar a la práctica con un mínimo de teoría para no deformarte. Es el caso mío. Yo estudié después de trabajar, pero ya me había, hasta cierto punto, autoformado. Había leído lo básico de literatura y periodismo para saber, en cuanto entré en una redacción, qué tenía yo que hacer.

Cuando leí Periodismo y Literatura tuve la impresión, y creo que no desacertada, de que usted sabía que el libro iba a ser polémico, porque hablar sobre las alianzas entre periodismo y literatura, en este momento, es ir contra lo que se intenta defender hoy: la independencia de ambos. ¿Qué propósitos además de este (si quiere ahondar en este, mejor) persigue con este libro?

Fue un intento muy breve, y superficial por fuerza, porque fue concebido para una asignatura… Pero si volviera a reescribirlo seguiría el propósito que dije ahorita. Yo creo que el periodismo no puede ser solo ciencia de la comunicación, yo sigo pensando que el periodismo es una profesión que se convierte en oficio (es decir, que se hace con las manos), es una profesión que tiene incluso su poética, que tiene un gran desafío que la ciencia no puede menospreciar, que es el desafío de interesar para influir. Si el periodismo no interesa, por muy adecuado que esté su lenguaje a las sociedades tecnocráticas o tecnotrónicas o digitalizadas o postmodernas, si el periodismo no logra establecer una relación inmediata con sus lectores, es fallido.

Muchas veces le estamos echando la culpa al papel como soporte de que ceda ante las competencias con los medios digitales… es más, a veces creemos que los medios digitales son los que llevan la delantera y no nos estamos dando cuenta de que si el periódico impreso cede su espacio no es culpa del soporte, sino del mal periodismo que se está haciendo, que es un periodismo sumamente frío, objetivo, despojado de todo interés humano. Y yo pienso que si no llenamos al periodismo de interés humano, si no lo contextualizamos, si no lo contaminamos con la sociedad y sus problemas, el periodismo seguirá siendo muy poco interesante; y por lo tanto, muy poco periodístico.

José María Valverde, que es uno de los grandes teóricos, poetas, narradores, lingüistas… un hombre sumamente versátil que tuvo muchos aciertos; Valverde dice que él piensa que la literatura española no hay que buscarla en las novelas de Javier María o de algún otro, sino que hay que buscarla entre los mejores columnistas españoles. Es una opinión; pero esa opinión, emitida por un hombre que tiene autoridad dentro del mundo de la palabra impresa y escrita, como mínimo, merece que uno la piense. Si recordamos que dicen que uno de los primeros autores del llamado periodismo literario en la era moderna es un novelista, Defoe, y que su diario del año de la peste era un reportaje, quizás el primero que se cuenta como un texto novelado; bueno, nos damos cuenta de que ya desde hace mucho alguien se percató de que eso debía ser así.

Yo sigo pensando que el predominio de la imagen en el mundo de hoy está viviendo en estos momento su esplendor, pero como todos los acontecimientos humanos, todos los seres vivos, tendrá su nacimiento, su punto más alto y su decadencia. La gente se aburrirá de tener imágenes porque la gente llegará a comprender que ver no es sinónimo de informarse. Y volverá otra vez a ser el texto impreso lo que habitualmente fue, el desayuno del hombre moderno.

Y pienso más, pienso que eso obligará a hacer un estilo periodístico cada vez más lleno de calidades estéticas, en el que el hombre a par de la información también pueda darse el gusto de leer algo que esté bien escrito. Y contar las historias será el plato favorito del futuro, como lo fue en la Edad Media, la época de los juglares que contaban la noticia, que la dramatizaban. Ya llegaremos otra vez, y creo que algunos están completamente convencidos, como Tomás Eloy Martínez, de que contar historias es lo único que puede salvar al periodismo hoy. Por eso es necesaria la alianza entre las técnicas de la literatura y las técnicas del periodismo. El lenguaje periodístico es más efectivo no entre más periodístico sino entre más asciende en su apropiación estética.

En los últimos años ha publicado dos libros sobre estas cuestiones. Además de Periodismo y Literatura está Cuestión de estilo ¿Qué circunstancias permitieron publicarlos?

Todos esos libros existen gracias a las necesidades de la Facultad, que me ha servido además de inspiración: el magisterio, el ejercicio de la teoría. Y por supuesto, soy hombre que gusta de dejar su pensamiento por escrito. Decidí aproximarme a la literatura y al periodismo, dar un pequeño folletito sobre los valores esenciales, las calidades estilísticas fundamentales del periodismo, porque estoy inspirado y estimulado a hacerlo.

¿De quién fue la iniciativa?

Todas son iniciativas mías que han encontrado calor en la Facultad, en la editorial Pablo de la Torriente Brau y en el Instituto “José Martí”. Por ejemplo, el libro sobre Mañach, parte del Instituto. Guillermo Cabrera me invita a dar una conferencia, un ciclo de conferencias sobre Mañach y de esas conferencias, él me propone escribir un libro, un librito, y yo aproveché; a mí no se me dice eso dos veces. Todo está relacionado con el polo periodístico de la ciudad: la Facultad y el Instituto. He concebido iniciativas al calor de ese ambiente de teorización, de seriedad profesional que uno encuentra en estos lugares. Sé que es un pie forzado, pero le pregunto porque me ha demostrado que tiene lecturas e ideas asentadas sobre el tema.

¿Cuáles son los factores que destacan en la teoría que se ha hecho en Cuba referente a Géneros Periodísticos si se la compara con otros países?

Todavía estamos en el desarrollo de una obra teórica, podemos decir que hay hallazgos, hay hallazgos dentro de los últimos libros. A mí me parece que por ejemplo el libro El ensayo periodístico en Cuba, de Osmar Álvarez Clavel es muy interesante, incluso me parece que es una especie de anticipación del estudio de ese género, no solo en Cuba, sino en América. Creo que ya es un paso positivo. Algunas profesoras de la universidad han escrito algunos textos sobre todo de comunicación. Y me parece que los textos de Miriam son fundamentales ya para una teoría cubana de la entrevista que puede ser una propuesta en cualquier lugar.

Hay un momento de auge y crecimiento del pensamiento teórico aplicado al periodismo en Cuba, yo humildemente formo parte de eso. Las iniciativas mías han surgido, porque he estado inmerso dentro de ese movimiento de darle a la teoría su importancia sine qua non. Porque no acepto el argumento de que hay grandes escritores que nunca fueron a una escuela; no habrán ido a una academia, pero una escuela tuvieron: incluso el viejo que les enseñó, que les hizo los primeros cuentos y les dijo cómo se hacían.

Yo escribo mi primer texto en el 68, como dije. Estaba leyendo a mucha gente en el mundo que me estaba enseñando cómo se hacía un artículo: Loló de la Torriente, Suárez Solís, Mario Parajón. Pero también yo era visita asidua todos los sábados en la casa de José María Chacón y Calvo, el entonces más grande humanista vivo de Cuba, hispanista, ensayista… y ese hombre, todos los sábados, me transmitía a mí tres y cuatro horas de lecciones, porque yo con 18, 19 años, yo no hablaba, yo solo escuchaba. Ahora hablo más que escucho, pero cuando hay que escuchar yo soy el primero que se calla, porque mi escuela fue, es, la de escuchar a los que sabían.

Imagínate tú cuando yo me siento a escribir mi primer artículo, se lo llevo a Chacón y Calvo. Y me dice: “Lo mando para México, para que te lo publiquen”. Y en México me lo publicaron. Ya antes le había llevado otro que no cuajó y Chacón me dijo: “Esto no funciona”. Y me dijo por qué, una directriz fundamental: “Cuando tú escribas procura ser personal”, porque yo empecé escribiendo formalistamente como todo el mundo. “Y ¿cómo se es personal?”. “Esa es tu guerra, eso lo vas a aprender tú solo”. Eso me lo dijo un maestro, es una clase, casi equivale a un turno. Entonces, sí, yo tenía una formación teórica, no académica, casi peripatética.

¿Qué circunstancias propiciaron la elaboración de su nuevo libro sobre los géneros de opinión? ¿De qué aportes podemos hablar?

Tuve que dar un curso de opinión. Yo aprovecho siempre esas oportunidades para tratar de estudiar profundamente lo que voy a impartir, incluso armar mi propia teoría. Trato de ser personal incluso en lo que voy a impartir. Y ese curso se convirtió en un libro, sujeto a todas las contingencias. Se llama Asuntos de opinión. Trato de desmentir, de borrar alguna teoría que se ha impuesto por ahí, acerca de géneros de opinión, acerca de si la crítica es un género o no. Y trato de estudiar un poco filosóficamente en qué consiste la opinión, qué cosa es la opinión común, qué cosa la opinión epistemológica, la opinión con fundamento científico, cuál es la que hace el periodista. Definir una serie de cosas que no se suelen tener en cuenta. Y por eso tú encuentras opiniones que no lo son, que te dicen esto es bueno, es bonito y no te dicen más nada. Trato de definir, de eliminar un poco de géneros, de dejarlos en los cuatro géneros maestros, mayores y dar la esencia de cada uno…

¿Cuándo tú haces un comentario y cuándo un artículo? Trato de no repetir a los demás manuales, sino entrar en contradicción. No concibo la vida si no es así; eso es lo que enriquece mi pensamiento y el de los demás: la polémica. Podrán decir: “no lo acepto”, pueden pensarlo: Esa es la cosa.

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Blog de Luis Sexto: Patria y humanidad

Artículos de Luis Sexto en Cubaperiodistas.cu

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Centro docente para la capacitación y superación de los periodistas de Cuba y América Latina
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2 respuestas a Mi pensamiento por escrito

  1. Jesús Rodríguez dijo:

    Muy interesante, quienes conocemos a Luis no tenemos duda que es uno de los teóricos y prácticos más importante del periodismo contemporáneo en Cuba, su vocación por la profesión lo hacen merecedor la confianza y el aprecio de muchos colegas.

  2. roberto dijo:

    Para mì lo mejor de Don Luis VI es su conviciòn personal de que se quiere un periodismo cubano, criollo, caopaz asimilar lo mejor de “alla”, epro defintivamente de “aquì”. Lo dmiro, ademàs, por la firmeza de sus convincciones y principios.

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