Marina Menéndez: La motivación es la clave de todo

Por Isairis Sosa, periodista de Juventud Rebelde y Diplomante de Periodismo Digital

«Cazador cazado», le dije a Marina Menéndez cuando al fin me concedió unos minutos de su escasísimo tiempo libre,  para concretar la entrevista postergada tantas veces, acaso por esa alergia colectiva que padecen los periodistas a ser atrapados con su propio lazo.

Apenas alcanza Marina para repartirse entre el torbellino del diarismo y sus múltiples compromisos profesionales; sin embargo, siempre tiene a flor de labios una sonrisa, un gesto amable, o una de esas ocurrencias que nadie como ella sabe fabricar.

Entre los premios que ha recibido se encuentra la Réplica del Machete de Máximo Gómez.

Entre los premios que ha recibido se encuentra la Réplica del Machete de Máximo Gómez.

Me recibió en la oficina que recién estrena como Subdirectora del diario Juventud Rebelde, y entre página y página del periódico en plena confección, escudriñé con preguntas la historia de su fértil carrera. Aquí les va.

¿Tengo entendido que llegó al periodismo de manera muy sui géneris?

A mí siempre me gustó escribir, pero llegué al periodismo más bien por vía familiar, porque yo no me gradué como la mayoría de las personas que llegan al periódico, yo llegué y luego me gradué. Yo era parte de un contingente de maestros emergentes, el Manuel Ascunce Domenech, que no seguí y me había quedado desvinculada. Mi papá, Elio Menéndez, trabajaba aquí, y siempre me decía que tenía cualidades para este oficio, así que habló con el entonces director del periódico, Jorge López, para que empezara a trabajar como voluntaria. Tenía 16 años.

Empecé archivando revistas. A la sazón también comenzaba en Juventud Rebelde un fuerte movimiento de corresponsales voluntarios, y periodistas con mucha experiencia como Guillermo Lagarde, nos iban explicando qué cosa era y cómo se hacía un reportaje, una información, una entrevista. Aún guardo un folleto de aquellos que Lagarde hacía para nosotros.

Más adelante, cuando tuve edad laboral, me ubicaron como asistente de redacción en el equipo de nacionales. Ahí escribía con la linotipista los cables que mandaban los corresponsales. Luego hizo falta alguien que picara los cables que venían de las agencias internacionales, y entonces pasé para la Redacción Internacional. Conjuntamente con esto saqué la facultad y empecé a estudiar periodismo por encuentros, hasta que me gradué en el año 1985.

¿Desde el prisma de su experiencia, qué nos recomienda a los que recién nos enrolamos en esta tropa?

El periodismo es esa teoría que se imparte en la academia, pero también es el rigor de cada día, las «horas de vuelo» en la práctica. Es imprescindible estudiar, leer mucho y estar informado, y sobre todo, mantener la motivación viva, que es la clave de todo, el motor de arranque; cuando la motivación cae, la producción también se desploma.

¿Cuáles cree que son los principales retos a los que se enfrenta el periodismo cubano actual?

El periodismo cubano de la Revolución siempre ha estado ante retos, por su visión y porque no es le periodismo de ninguna parte, sino el nuestro. Pienso que uno de los principales retos es recuperar los espacios, fracturados en alguna medida por los años más duros de Período Especial que convirtieron a varios diarios en semanarios. Nuestro periódico ya no lo es, pero Trabajadores por ejemplo siguió siéndolo. Entre estos desafíos está el de satisfacer las necesidades informativas de la población, sobre todo en los temas que más le atañen al pueblo, y tratar de vincularlo mejor con los requerimientos que impone la coyuntura nacional.

El periodismo cubano ha tenido siempre un derrotero muy ligado a la Revolución, en el cual creo fervientemente; pero también pienso que debe ser el reflejo de determinados sectores. A propósito de este asunto está el llamado de Raúl y la Coletilla, que no es una convocatoria a la crítica festinada, sino que es un llamado al análisis con argumento, con conocimiento de causa y con responsabilidad. Y lo que pienso es que hay que sintonizar ambas cosas, responder a una y a otra.

A propósito de los retos… ¿cuánto de positivo o no cree que le aportan las nuevas tecnologías al periodismo de hoy?

Casualmente en estos días meditaba sobre esto analizando la propia dinámica que tiene Juventud Rebelde. Obviamente casi todo es positivo: nos garantiza la inmediatez, nos permite hacer consultas en la web al instante; los mecanismos para dar a conocer los hechos son ahora mucho más fáciles y hacen el trabajo menos azaroso, más sencillo y expedito. Pero a veces pienso que esa misma facilidad que nos proporciona la tecnología y sus herramientas, esa comodidad, le ha quitado exigencia al engranaje de producción, sobre todo en la prensa plana. Antes, cuando se trabajaba con líneas de plomo, salían menos erratas, porque todo tenía que salir impecable de una vez y por todas. Es solo una observación en la que pienso debemos reflexionar, para que la asistencia de la tecnología no vaya en detrimento de la calidad del producto comunicativo final.

Sé de buena tinta que usted ha entrevistado a varios líderes latinoamericanos que han devenido luego presidentes. ¿Pudo Marina sospecharlo cuando dialogaba con esas personalidades?

Con algunos sí, otros no. Con Evo Morales, por ejemplo, no pensé que fuera a llegar a la presidencia. En ese entonces era un líder sindical, ni siquiera se estaba postulando. Él siempre ha sido una persona muy asequible y lo entrevisté en el marco de un evento de Globalización y Desarrollo. Rafael Correa, en cambio, ya aspiraba a la candidatura, no lo conocía ni siquiera por fotografía pero sí había tenido noticias de sus posturas. Fue también en un evento de Globalización, y para muchos de los que estábamos allí resultó una revelación. Con el de Paraguay, Fernando Lugo, realmente fue muy hermoso cuando me contó su historia. Es muy emocionante ver cómo se fragua la unidad detrás de una figura: un hombre que era cura y el pueblo le pide que se despoje de sus hábitos porque no veían otra posibilidad para el Paraguay.

Hay algo distintivo en los casos de Correa y Lugo, y es que ellos entonces no tenían ningún soporte político que los catapultara, pues generalmente es el soporte el que escoge al candidato. Pero en esos casos han sido liderazgos tras los cuales se ha formado el movimiento o el partido político. En Paraguay, por ejemplo, estos movimientos son dos o tres plataformas sociales que surgen en el año 2003 y que se unen precisamente para postular a Fernando Lugo.

Sin dudas lo que le ha pasado a Latinoamérica en los últimos tiempos ha sido muy reconfortante, sobre todo para Cuba, que nunca antes estuvo tan acompañada en el concierto latinoamericano, y es muy grato también para todos aquellos a los cuales nos late el corazón junto a la América Latina.

Marina Menéndez junto al periodista Roger Ricardo Luis en la presentación del volumen Viajes desde la memoria, en la pasada Feria Internacional del Libro de La Habana.

Marina Menéndez junto al periodista Roger Ricardo Luis en la presentación del volumen Viajes desde la memoria, en la pasada Feria Internacional del Libro de La Habana.

¿Cuénteme cómo surgió la idea del volumen Viajes desde la Memoria, que presentó este año en la Feria Internacional del Libro de La Habana?

El libro me encantó hacerlo con mi colega Roger Ricardo Luis. Fue una propuesta que nos hicieron y que después se convirtió en algo muy agradable, a medida que fuimos descubriendo la historia de las relaciones entre Cuba y Venezuela. Me quedé con ganas de seguir investigando, nunca pensé que ese empeño me iba a llevar a tantos pasajes que me explican la unidad y la solidaridad entre ambos pueblos, mucho más antiguas que la colaboración con Hugo Chávez y que el propio triunfo de la Revolución Cubana.

Para quien ha ejercido el periodismo tantas veces fuera de Cuba, imagino que desde el punto de vista profesional ha tenido muchos momentos importantes, cruciales. ¿En este sentido, cuál o cuáles pudieran ser los más difíciles?

Ese momento difícil en mi carrera fue sin dudas la Cumbre Iberoamericana de Panamá en el 2000. Fue una cumbre en la que hubo una gran componenda contra Cuba organizada por José María Aznar. Era el momento de Jorge Valle en Paraguay, Francisco Flores en El Salvador, Mireya Moscoso en Panamá. Un ambiente muy adverso, y estaba además la denuncia del atentado contra Fidel en el Paraninfo de la Universidad. En general fue una jornada muy larga y agotadora. Hubo momentos en que me sentí abrumada, fue una cobertura muy tensa para mí. Y por otro lado la indignación de ver toda la agresividad contra Cuba. Fue mi momento más difícil, con certeza.

¿Y por el contrario, el más dichoso…?

Puedo decirte que me sentí muy feliz cuando me dieron el premio Juan Gualberto Gómez, al igual que con el Premio Latinoamericano de periodismo de Prensa latina; pero el primero me dio mucha más satisfacción, porque aunque era por la labor de un año, sentí que me estaban reconociendo el trabajo de toda mi vida.

¿Y qué piensa Elio Menéndez de la que bien pudiera ser su «mejor alumna»?

Figúrate que me dice «la cachorra», y le da mucho placer afirmar que yo lo he superado; pero no creo eso, pienso que es un gran periodista deportivo. Ya ves que nos dedicamos a temas diferentes, y yo de deporte no entiendo ni un ápice, pero me enseñó que debes creer en lo que estás diciendo, para que la gente palpite contigo. De él yo admiro mucho —porque todavía a estas alturas se mantiene escribiendo—  su exigencia consigo mismo, y profesionalmente también es muy exigente con lo que hace. Puedes estar convencida de que él no está más orgulloso de mí que yo de él.

Marina ¿cuál es la fórmula mágica para llevar con semejante maestría tanta responsabilidad y a la vez conservar ese espíritu simpático y jovial?

Bueno, no sabría decirte, debe ser por mi carácter, quizás porque yo nunca me he creído que me las sé todas. No soy como ese que dice «solo sé que lo sé todo y lo que no, me lo imagino». Yo prefiero decir al revés: «solo sé que no sé nada y lo que no, ni me lo imagino». Lo que sí te puedo asegurar es que disfruto mucho el contacto con la gente. Eso me gusta. Y más en este colectivo de Juventud Rebelde, sobre todo ahora que hay tantos jóvenes talentosos que tienen la motivación y la disposición de sentir el periódico correr por sus venas.

¿Hace muy poco tiempo que asumió la responsabilidad de ser una de las Subdirectoras del periódico, cómo asume Marina este nuevo reto?

Lo asumo como un reto grandísimo que me pone muy tensa, pues yo nunca me he sentido capacitada para dirigir. No me gusta mandar. Pero ahora sentí que en verdad era necesario mi concurso y mi ayuda. Y todavía no sé si podré hacerlo lo bien que se espera. Lo que en realidad me impulsó fue la confianza que depositaron en mí; es un compromiso  con el periódico. De todos modos aquí en Juventud Rebelde la dirección es muy colectiva, y eso me satisface mucho, pero será un gran desafío, y una nueva escuela también.

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Acerca de Departamento de Comunicación

Centro docente para la capacitación y superación de los periodistas de Cuba y América Latina
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