Periodismo y Ciencia: ¿Un binomio posible?

Entrevista a Iramis Alonso Porro, directora de Juventud Técnica

Por Alexei Padilla Herrera. Diplomante P. Digital

Por uno de los laberínticos pasillos del imponente edificio de Prado 553, donde otrora se editaba El Diario de La Marina y que hoy acoge en su cuarto piso a la Casa Editora Abril,  llegué a la redacción de la revista Juventud Técnica, con el propósito de entrevistar a su directora Iramis Alonso Porro, una joven que si bien creció en la capital desde los tres años, dice con orgullo que sus raíces siguen bien plantadas en Camagüey.

¿Cuándo percibiste que querías ser periodista?

No sabría decirte con exactitud si en mi infancia sentía el deseo de ser periodista o no. Lo que sí recuerdo es que el sueño de mi mamá era ser periodista. Lamentablemente no pudo lograrlo porque mis abuelos campesinos como eran, no tenían los recursos para sufragar ese tipo de estudios, incosteables para una familia modesta.

Por eso mi madre se formó como maestra normalista y con el tiempo se fue especializando en el área de la lengua y literatura española.

Recuerdo que en mi casa teníamos colecciones de la revista Bohemia. Aún conservo varios ejemplares de la década del ´50, en especial los números de las “Ediciones de la Libertad”.  Así que en una primera etapa estuve marcada por la forma en que Bohemia hacía periodismo.

Ya adolescente comencé a leer Juventud Rebelde y me convertí en una lectura voraz, sobre todo las columnas de opinión. Los trabajos de Soledad Cruz en la sección cultural del periódico me llamaron profundamente la atención por la valentía con que defendía sus posiciones.

Imagínate que por esos días la televisión cubana transmitía la “La esclava Isaura”, una de las primeras telenovelas brasileñas exhibidas en Cuba y el índice de teleaudiencia era altísimo. Si bien hoy es común encontrar en más de un medio,  críticas a las telenovelas, en aquel momento solo Soledad se atrevió desde las páginas del  diario a expresar sus criterios y puntos de vista – casi siempre contrarios a los del público- sobre la telenovela.

A punto de concluir el preuniversitario coloqué Periodismo como primera opción de continuidad de estudios y para mi sorpresa me la otorgaron. Te confieso que llegué a la universidad muy familiarizada con los trabajos del género de opinión, al punto que no me interesaba tanto lo relativo a buscar la noticia, propiamente hablando.

¿Aterrizaje forzoso?

 Iramis no llegó de forma fortuita al periodismo científico. Antes de dirigir   Juventud Técnica, había  trabajado en Juventud Rebelde y fui allí donde junto a otros colegas fundaron el suplemento En Red que aborda temáticas de ciencia, tecnología y medio ambiente.

“Estábamos en los años más duros del Periodo Especial, los medios sufrieron la llamada crisis del papel. Un día le planteamos a Arleen Rodríguez Derivet – directora de Juventud Rebelde por esa fecha- la idea del suplemento,  nos apoyó en esa empresa y logramos poner a En Red en manos de los lectores.”

 Sin dudas el periodismo científico exige una alta preparación y especialización. ¿Cómo has logrado asumir ese reto?

“No sé si he logrado o no asumir ese reto -dice entre risas- pero definitivamente sí  exige una actualización y autopreparación constantes. Por supuesto, te tienen que gustar las ciencias, la investigación, la búsqueda de información”.

“Si en el periodismo tradicional se trata de buscar y contrastar fuentes, en el periodismo científico, por ejemplo se debe ser cuidadoso con las definiciones conceptuales que se incluyen en un trabajo, se trata de  hacer que el lector entienda sin que lo que se le explica pierda cientificidad, rigor.

“A propósito de la autopreparación, hace algunos años el Círculo de Periodismo Científico de la UPEC organizaba visitas a diferentes centros, entre ellos el Instituto de Investigaciones para la Industria Alimentaria, el Centro de Inmunología Molecular. Allí recibíamos conferencias sobre las investigaciones que se desarrollaban en esas instituciones y el quehacer científico en general del país.

“Lamentablemente esa práctica se fue extinguiendo, pero pienso que debe retomarse”.

Contrastes

Iramis considera paradójico que el alto desarrollo científico de Cuba no esté en consonancia con el número de comunicadores que se dediquen al periodismo científico. Reconoce las limitaciones con el acceso a las fuentes vivas, la  disponibilidad de Internet, los no totalmente superados problemas con el papel, las tiradas limitadas; mas reconoce que hay cosas que pueden lograrse con las herramientas que hoy disponen.

Sobre las cuestiones subjetivas apunta que “si bien se ha avanzado, aún falta mucho por recorrer cuando de tratamiento periodístico de la información científica se trata. El tema no es incluido en nuestros medios con la misma asiduidad que otros de igual importancia.”

Juventud Técnica es la única revista generalista de su tipo en Cuba. ¿Consideras sea una cruz demasiado pesada ante un público cada vez más exigente?

“Nada de cruz, más bien es una suerte porque no tenemos competencia. Claro, tenemos la limitación de ser una publicación bimensual de apenas 48 páginas.”

Pero existen instituciones como el CITMA, COPEXTEL, la Fundación Antonio Núñez Jiménez, con revistas que abordan los temas de las ciencias, tecnología y medio ambiente.

Debemos diferenciar el periodismo científico y divulgación científica. Por lo general, esas publicaciones institucionales lo que hacen es promocionar, divulgar los resultados de determinadas investigaciones, la labor que realizan y sus productos o servicios.

Nosotros debemos ir más allá de la presentación de los resultados, queremos socializar, democratizar el conocimiento. Por lo tanto, esas publicaciones forman parte de nuestras fuentes a la hora de tocar un tema determinado.

Y llegaron las TICS

La irrupción de la Tecnologías de Información y las Comunicaciones trajo beneficios para la realización de Juventud Técnica. Internet les facilitó el acceso a las fuentes de información científica de todo el mundo y el correo electrónico agilizó el intercambio de materiales, además de convertirse en un canal que potenció la inmediatez en la retroalimentación con los lectores.

Antes tenían que acudir a los despachos de las agencias, a centros de documentación, consultar expertos o esperar  por correo postal la llegada de las publicaciones especializadas.

Iramis apunta que “el reto actual es saber dónde buscar, qué sitios son veraces y cuáles divulgan contenido erróneo o seudocientífico. Constantemente contactamos con especialistas cubanos de varias ramas del saber que nos orientan en ese sentido.”

Sobre las realidades de la web 2.0  considera que “las redes sociales y los blogs son universos muy poco explorados por nosotros. Si antes teníamos que remitirnos a determinados sitios, hoy podemos encontrar información en los blogs personales de investigadores y periodistas.

“Pero en el caso de Cuba, no conozco ningún periodista que tenga un blog para comunicar o intercambiar temas científicos. En un momento los profesionales de la prensa abrieron cientos de blogs, nadie pensó en dedicar uno de ellos a esos a la ciencia”.

Con una tirada tan limitada y la baja conectividad ¿cómo mantienen la fidelidad de los lectores?

“Desde sus inicios la revista publicaba mucho contenido relacionado con la electrónica. De ahí que se ganara un público interesado principalmente en la fabricación de dispositivos electrónicos, antenas de radio y TV, paneles eléctricos. Esos a los que llamamos ‘cacharerreros’ son los que más siguen a Juventud Técnica y forman parte del Club “Amigos de la Electrónica.

“Los amigos del club a menudo solicitan información que no tenemos  y en ese caso lo circulamos por correo electrónico porque siempre existe algún miembro que tiene lo solicitado.

“Estas demandas de los lectores  han impulsado el rescate y digitalización de  números antiguos en los que aparecen esquemas, planos y modelos de soluciones para el hogar, que  por su utilidad son aplicables en cualquier tiempo”.

La redacción  digital

Juventud Técnica -como la mayor parte de las revistas cubanas- no cuentan con una redacción digital integrada a la de papel o tradicional. Una editora web y una webmaster se encargan del volcado en la red, de los contenidos que aparecen en la versión impresa.

Se trata de un sitio estático, diseñado en Dreamweaver que se actualiza por ftp. La forma de interactuar con los usuarios es a través del correo electrónico.

Sin embargo, está por cambiar, pues ya cuentan con un nuevo sitio rediseñado por un equipo integrado por estudiantes del Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI) y especialistas en Ciencias de la Información.

Es un proyecto de tres años y ha superado varias dificultades organizativas y tecnológicas. Iramis espera que antes de finalizar el año la nueva página de Juventud Técnica –soportado por un sistema de gestión de contenido- esté online.

“Con el nuevo sitio vamos a poder interactuar con nuestros lectores y darles participación.”

Reconoce que aún falta para lograr el sitio web con que sueña y merece la revista y el público. Mientras tanto, no pierde la oportunidad de ir ella misma o enviar a sus colegas de la redacción a todos los cursos que sobre el medio digital oferta el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, porque como yo, considera que debemos familiarizarnos, al menos teóricamente, con lo que tarde o temprano llegará a nuestros medios como condición sine qua non  para su supervivencia.

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