El Periodismo Digital continúa representando el límite de lo posible.

Entrevista a la profesora y periodista Msc. Milena Recio Silva.

Por: Por: Dunnia Castillo,  Giselle Gómez y  Nairovín Ojeda.  Diplomantes P. Digital

Cuando se habla de periodismo digital en Cuba hay que pensar, aunque a ella no le guste reconocerlo, en Milena Recio. Licenciada en  Comunicación Social desde 1997,  Milena es actualmente profesora de Periodismo Hipermedia del Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Durante su carrera también se ha desempeñado como investigadora de la temática digital,  periodista en Prensa Latina y editora del sitio web Visiones Alternativas, además de colaborar con otros medios.

¿De dónde viene la entrega y el amor de Milena hacia la prensa digital?

Yo, sin falsa modestia, no creo que “hay que pensar en Milena Recio”. En todo caso lo que ha ocurrido es que me vinculé desde 1998 con estos temas, cuando recién comenzaba “todo” en la prensa cubana digital y desde entonces no me he separado del tema. He sido una observadora y crítica pertinaz. He impartido bastante docencia sobre el tema, he tutoreado muchas tesis o servido como “comentarista” en otras; me han invitado a varios eventos, hice mi Maestría y tuve el privilegio de ver mi libro publicado en dos ocasiones; además he escrito algunos artículos que se han publicado en nuestra Cuba “desconectada” (solo 15% de penetración de Internet) y que sin embargo, se ocupa de entrenar a sus profesionales, de discutir en las aulas y en las redacciones de los periódicos cómo modificar nuestras filosofías y prácticas de trabajo, a partir de las transformaciones en el periodismo, en el nuevo escenario digital.

Además de que “de algo hay que vivir”, mi compromiso con estos temas y cierta misión evangelizadora y proselitista del mundo bit que de alguna forma me he autoimpuesto, se debe fundamentalmente a que soy una perfecta optimista convencida de que hay una oportunidad, bajo el influjo de estas tecnologías, para que la humanidad de un giro cultural brusco, de corte humanista. La humanidad supo desarrollar tecnológicamente el recurso, falta conseguir llevar más allá del “límite de lo posible”, quebrando las formas de socialidad hegemónicas en que nos desenvolvemos, los usos de esas tecnologías. El periodismo y la comunicación son ámbitos que me parecen fundamentales para ese golpe de timón en el curso de nuestro devenir. En Cuba, todavía más. O nuestra prensa se modifica, y eso incluye potenciar las formas revolucionarias de comunicarnos que nos permiten estas tecnologías, o nuestra sociedad pagará con creces, en términos históricos, no haber sabido reconstruir una hegemonía revolucionaria, y anticapitalista. Yo solo trato de contribuir, en lo que pueda y sepa.

En una ocasión te referiste a que el periodismo digital constituía “un medio nuevo e incierto aún para muchos profesionales de la prensa” ¿Cómo valoras esta situación en la actualidad, donde las rutinas productivas de la gran mayoría de estos profesionales incluyen el trabajo para la web?

Creo que ya ha pasado el “susto” inicial, la sensación de incertidumbre de muchos profesionales, cuando vieron irrumpir las computadoras en sus vidas y los jefes empezaron a pedirles que trabajaran “doble” (para el medio tradicional y para la web). También porque las generaciones nativas o cuasi nativas digitales se van incorporando, y no viven con extrañeza la irrupción de las formas de trabajo que demanda el periodismo digital. No creo que quede nadie en nuestras universidades, estudiando periodismo, que no sepa o por lo menos intuya que a estas alturas ya no se puede hablar más de comunicación o periodismo digital, por oposición a un periodismo o una comunicación NO digital. No hay más tráfico informacional en este mundo que sea NO digital. Toda la producción editorial a partir de textos o de audiovisuales es, en alguna fase, digital y ocurre en entornos virtuales, por lo que ya nadie puede mirar para el lado y hacerse el desentendido.

Algunos grandes medios impresos en Japón, Europa y Estados Unidos ya están implementando un método de hipertexto desde el periódico o la revista hasta la web, usando el código QR (quick response barcode, «código de barras de respuesta rápida»), para representar, en este caso, URLs, que son captadas desde el teléfono móvil y que permiten navegar entonces por la red virtual desde ese mismo dispositivo. El impreso apela al recurso y la interface digital de forma más directa, expedita, evidenciando la continuidad que existe entre los dos soportes durante el propio acto del consumo informacional. Continuidad que sin embargo no es identidad –en el sentido de entidades idénticas. Al contrario, tienen sus especificidades. Ojalá eso se entendiera mejor y se evolucionara más rápido para dejar atrás el método de volcar en la web la producción para los soportes tradicionales, que todavía, al menos en nuestro contexto, siguen ostentando más prominencia social.

En tu trabajo de Maestría defendiste la tesis de que el periodismo digital constituye el límite de lo posible. ¿Por qué de esta afirmación?

En realidad no lo formularía de esa manera. Lo que intenté explicitar era que las formas actuales –la investigación es de 2003, pero todavía persisten las mismas tendencias—de práctica del periodismo digital, demostraban la existencia de un “límite de lo posible”, una frontera para la innovación. Yo quería, con Marcuse y con Martín Serrano (¡qué mezcla!), argumentar la contradicción entre la postulación del cambio profundo en los usos sociales de la comunicación que hacen estas tecnologías y lo que en realidad ocurre.

Mientras que el soporte técnico y su sensorium es libertario, la práctica periodística sigue siendo fundamentalmente autoritaria: el modo en que concibe y se dirige a los públicos parte de la subestimación de sus capacidades y de no incentivar/compartir pensamiento crítico: más valen públicos/usuarios domesticados que “críen” vacas en Facebook, o que persigan la cartelera de televisión, que aquellos que puedan poner en jaque al pensamiento único; el trabajo con los textos (en todos los lenguajes) sigue enfocado a construir unidades de sentido autónomas, con más fronteras que zonas de intercambios –hipertextos enclenques, formales, aburridos–; una interactividad generalmente frívola, basal, en la que no suele estar prevista casi nunca la co-producción con “el otro”; una agenda temática siempre construida desde el poder, a partir de haber secuestrado el derecho a la deliberación y la comprensión compleja de “las cosas de la vida” acerca de las cuales el periodismo narra sus historias. A grandes rasgos todo esto describe no más que el reajuste de un “modo de producción de comunicación” (Manuel Martín Serrano). Mi tesis es bastante sencilla. Lo único que yo quería era –a pesar de que ya te comenté que soy optimista—reubicar el ánimo y la euforia: asistimos a un reajuste, nada más que eso. (“Que todo cambie para que todo siga igual”) La comunicación en sí misma, sometida a un proceso de innovación tecnológica no hace más que reajustarse cuando debe hacerlo, hasta donde sea “posible”. El cambio que queremos debe ser más profundo, más abarcador.

¿Crees que podrá realmente existir el periodista polivalente, ese que piense multimedialmente desde que salga en busca del hecho noticioso y no que trate de ponerle a una noticia que publicó en el periódico impreso 2 o 3 hipervínculos para hacerla diferente,  y que además, conozca y maneje las Nuevas Tecnologías, los programas de edición de texto, imagen y sonido con un estilo caracterizado por la frescura y la originalidad?

 Si el periodista no es todo eso, y más, no es más que un oficinista sobreexplotado, aburrido y casposo.

 Mucho se ha debatido si en el futuro prevalecerán los medios tradicionales o será la redacción digital la predominante. Según tu apreciación, apuestas hacia un lado u otro, o hacia una simbiosis de ambos.

 No apuesto, observo. Por lo que veo me parece que triunfarán todos los modelos, en la medida en que se ajusten al “modelo de negocios” y el propósito editorial de cada publicación. Huffington Post sí, Wall Street Journal también. Todo vale. Habrá que encontrar qué nos sirve para poder realizar de manera eficiente el hecho primario, esencial, que debería gobernar todas estas divagaciones: somos servidores públicos tratando de comunicar (nos).

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Acerca de Departamento de Comunicación

Centro docente para la capacitación y superación de los periodistas de Cuba y América Latina
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