Mentira organizada y verdad dispersa. La verdad sobre la libertad de prensa*

Por Ernesto Vera

Hace  l6 años en la VII Cumbre Iberoamericana, se aprobó por primera vez en
esos foros un acuerdo, el número 38, con el siguiente texto: “Por
constituir requisitos indispensables de la democracia reafirmamos los
derechos a la libertad de expresión, de información y de opinión,
fundamentos del derecho que tienen las personas a recibir información libre
y veraz, sin censura ni restricciones”.

Han pasado casi 30 años desde que se acordó en el seno de la UNESCO con el
apoyo de todas las organizaciones internacionales y regionales de
periodistas, los diez principios éticos internacionales del periodismo. El
primero de ellos: “El derecho del pueblo a una información verídica”.

En 1980 la UNESCO dio aprobación al informe McBride  -Muchas voces, un solo
mundo-, documento histórico en la lucha por el Nuevo orden Internacional de
la Información y la Comunicación (NOIIC). Del extenso texto extraemos:
“Parece necesario establecer nuevos procedimientos gracias a los cuales el
público esté en condiciones de ejercer efectivamente el derecho a evaluar  la
acción de los medios de comunicación social. La importancia de la misión
periodística en el mundo actual requiere la adopción de medidas encaminadas
a realzar su posición en la sociedad. Incluso hoy en muchos países los
periodistas no son considerados como miembros de una profesión, ni
reconocidos y tratados en consonancia con ello.”

Al fundarse la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) en l976
uno de sus principios expresó que: “La libertad de prensa la conciben
como el derecho de nuestros pueblos de ser oportuna y verazmente informados y a expresar opiniones sin otras restricciones que por las impuestas por los mismos intereses de los pueblos.”

Mucho antes, en 1951, se había proclamado por los periodistas, mediante el
Acta de Montevideo, que:   “El papel que la prensa había cumplido junto a
Martí, Bolívar, Mariátegui, el cura Hidalgo o Flores Magón, fue modificado.
El periodismo que había nacido por la libertad se había convertido en un
negocio, la noticia en una mercancía y el periodista en un asalariado. La
Prensa estaba de espaldas a los pueblos.”

De La quinta Conferencia Panamericana, celebrada en Chile en 1923, surge la
idea de realizar una conferencia continental del prensa  que se realiza en
Washington tres años después Juan Gargurevich relata que “era la primera
vez que se reunían tantos propietarios de Periódicos de América Latina y no
está de más recordar que los temas por las diferentes mesas no incluyeron
los problemas de los periodistas mismos. A los norteamericanos les
interesaban los dueños no los empleados”. Por cierto el presidente de
Estados Unidos en esa oportunidad era Calvin Coolidge, el mismo que ordenó
la invasión a Nicaragua  contra Sandino y envió a la silla eléctrica a Saco
y Vanzetti.

En fecha todavía más lejana, 1889, José Martí dijo sobre el resultado de la
Primera Conferencia Panamericana que “Ha  llegado para la América española  la hora de declarar su segunda independencia.” En aquellas crónicas publicadas en La Nación de Buenos Aires  está presente como pocas veces el ejercicio del periodismo sagaz y digno, de compromiso con la  ética profesional y la patria grande.

Ese y no otro es el resumen de una historia perversa de 124 años que se
manifiesta en nuestros días con el agravante  de la concentración y monopolización de los medios que tienen su origen en aquel panamericanismo, la eliminación de las regulaciones  contra los monopolios y la mentira en complicidad con los intereses imperialistas. Es cada vez más comprobable  el
alejamiento ético de los grandes medios como expresión similar del sistema
que los ha  generado y mantenido.

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), fundada en La Habana en 1943 y
refundada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Departamento de
Estado en Nueva York en 1950 es la que ha determinado desde entonces  donde existe o no  libertad de prensa.  Es la misma organizadora de campañas
feroces contra todo lo que signifique el derecho social, colectivo, además
del individual a  recibir información veraz, que es la única base legítima
de tal concepto. La maniobra consistió en cambiar los estatutos y, de un
voto por país, como existía, darle un voto  a cada medio afiliado. De esa
manera, Estados Unidos   contó con 424. Para ello se impidió la asistencia
a esa Conferencia  de los pocos delegados progresistas.

En el caso de Cuba, Carlos Rafael Rodríguez que era a la vez Tesorero de la
organización, se le impidió llegar a New york y lo confinaron en la prisión
de inmigración que tienen en la base de la llamada Estatua de la Libertad.
A otros,  como el peruano Genaro Carnero Checa, al que le negaron la visa
por haber pertenecido al partido comunista. Así se realizó el secuestro de
la SIP y la libertad de prensa que ya dura 63 años.

Creo conveniente recordar esos hechos porque expresan  donde ha estado la
cuestión esencial de una llamada libertad de prensa dominante que rechaza
el reconocimiento  de la función de los medios como un derecho de la
sociedad. Mientras sea solo la libertad de expresión –derecho individual-
mantendrán que la relación emisor-receptor se resuelve en la dirección del
que recibe el mensaje  y decide cambiar el medio. Es decir, todo queda
reducido a la libertad  individual de optar por uno u otro órgano de
prensa, para seguir leyendo o escuchando lo mismo    ¿No es ese el derecho
que han reclamado los medios de prensa en su labor subversiva de  promover
golpes de Estado en Venezuela? Es la misma historia que ocurrió en Cuba
cuando se consideraron con el derecho  de ser voceros de las campañas de
las agencias de noticias norteamericanas contra los juicios a los
criminales de guerra. Y no es distinta a historias similares en el Chile de
Salvador Allende, en la Nicaragua sandinista y hoy  contra Evo Morales y
Rafael Correa en Bolivia Y Ecuador. De tener que responder al derecho
colectivo, del pueblo, estarían sujetos a rendirle cuenta a la sociedad
organizada y no podrían disfrutar del derecho a mentir, como han realizado
y reclamado históricamente.

El derecho de la sociedad a exigir la información veraz, los obligaría a
reconocer  que la libertar de  prensa, como  todas las libertades, están en
las constituciones que tiene los Estados  y que no lo compraron con dinero,
sino con el heroísmo de sus pueblos. No debe haber un derecho o principio
superior a éste, porque no se trata de una libertad surgida en los medios,
sino que estos disfrutan de algo que tiene muy distinto origen.

Ello explica las campañas de la SIP contra todos los hechos que he citado,
considerándolos ataques a la libertad de prensa. ¿Dónde está la libertad
del periodismo y los periodistas  cuando tiene como única libertad la de la
empresa comercial  obtenida con el dinero? ¿Cuándo la SIP determina dónde
hay o no libertad de prensa, los empresarios que la integran le preguntan
su opinión  a los periodistas de sus redacciones? Por supuesto que no.

Pero hay más. Todos los procesos progresistas y revolucionarios que se han
hecho realidad han tenido en contra a los principales medios de esos
países. Esa  experiencia permite considerar que sobre todo en  los últimos
casos, han tenido como aliados a una superior conciencia crítica sobre el
nefasto papel que tienen    ante los    cambios a favor de los intereses
populares. Como nunca se está evidenciando el antagonismo entre los pueblos
y los grandes empresarios de la mentira organizada al servicio del
imperialismo.

Aunque la CIA – SIP rechace cualquier debate sobre el tema, debemos
insistir más en hacer conciencia en relación con el  verdadero derecho del
que se han apropiado. Y hacerlo principalmente con   nuestros colegas de
América Latina.

Las bases endebles sobre las que pretende sustentarse la libertad de prensa
dominante, debe dar lugar a que celebremos en la fecha del 3 de mayo y
todos los días, la libertad del periodismo y los periodistas, que han
sabido defender con sus vidas centenares de compañeros latinoamericanos y
también de otras regiones. La nuestra es la única profesión  en esos países
que realizarla con ética puede costar tanto. Es desde hace tiempo la
profesión más peligrosa en Latinoamérica y en esa lista no se incluyen los
grandes empresarios.

Los matices en cada país de nuestro región no puede borrar la cuestión de
fondo  que se materializa en la guerra mediática contra el conocimiento y
la información de los pueblos por parte de los medios transnacionales y de
sus cómplices locales. Aunque crean lo contrario vivimos tiempos  en los
que la realidad es factor creciente de influencia y será lo determinante el
alcanzar cambios positivos en la sociedad.

*Ponencia presentada por Ernesto Vera en el Panel desarrollado en el IIPJM, este 3 de mayo, con motivo del Día de la Libertad de Expresión.

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