Herminia Rodríguez: Cartas credenciales

Herminia Rodríguez Pacheco

Herminia Rodríguez Pacheco

Sentada en “el confesionario” –el mínimo espacio que Guille se dejó como oficina cuando la sede del Instituto Internacional de Periodismo “José Martí” fue remodelada–, aparece Herminia Rodríguez. Devorando papeles, estudiando letra a letra los debates del Congreso de la UPEC, orientándose ante la infrecuente circunstancia de tener sobre los hombros una gran tarea: dirigir, conducir, más que a un equipo, una obra, un sueño. “Nuestros amigos quieren saber”, le digo. “En Facebook muchos han dejado saludos”. Los parabienes también son para Moltó que se ha ido a la “casa grande”, a la UPEC. E incontables guiños para Herminia, está mujer bajita de quien se espera una gran altura.

¿Cómo te presentarías a la comunidad periodística cubana y latinoamericana que se relaciona con el Instituto Internacional de Periodismo “José Martí”?

Primero que todo soy periodista de formación y la he ejercido en varios medios. Durante varios años en la sección En Cuba de la revista Bohemia, pero también en Radio Rebelde, en la televisión, en la revista Mujeres. Y en paralelo he ejercido como docente. Desde que me gradué de Filosofía en la Unión Soviética, mi primera ocupación fue como docente en el Instituto Pedagógico de Pinar del río. Era profesora de Historia de la Filosofía. Por lo que soy también profesora, formada en un institutode formación de maestros aprendí mucho de las metodologías, la didáctica, la pedagogía en general. Esa experiencia fue muy provechosa. No me arrepiento. Me dio una preparación adicional que luego me ha servido para el ejercicio docente que también he tenido tanto en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, como aquí en el Instituto. Todo esto creo que me servirá para encarar este reto.

¿Cómo valoras la actividad del Instituto hasta el Congreso de la UPEC y qué nuevas circunstancias crees que se le asoman ahora, en este nuevo momento?

Como alumna y como profesora, siempre he visto al Instituto como una oportunidad de superación especializada tanto para los colegas cubanos como los latinoamericanos. Tengo la concepción de que la primera opción de superación que tiene un periodista, está en sus propias manos. Es la autosuperación. A diferencia de otros profesionales nosotros necesitamos una suerte de curiosidad patológica. Tenemos que estar un poco al tanto de muchas cosas. Pero luego, una institución como esta permite desarrollar la formación postgraduada que permita una mayor especialización, atendiendo a las necesidades específicas que surjan en determinados medios. El Instituto llena, complementa, el espacio de formación que no puede completar ni la academia universitaria (tanto en pregrado como en posgrado) ni la propia práctica laboral. El Instituto además es muy diestro, es capaz de reaccionar muy rápido ante necesidades formativas o de superación que surgen a cada momento. Un ejemplo es el papel que tuvo en la alfabetización digital básica, a principios de los 2000, cuando se dio el gran boom de las tecnologías digitales en el sector. Más allá de las aulas en nuestra sede, el Instituto se mueve hacia las provincias, hacia los medios, hace alianzas con otras instituciones y es capaz de ofertar siempre soluciones de capacitación muy diversas y ajustadas a las necesidades del sector. Y no solo para los cubanos, también para los colegas, sobre todo latinoamericanos, que vienen a nuestra institución o que han recibido cursos organizados e impartidos por nosotros en sus países. Hemos tenido siempre la posibilidad de atraer a personalidades importantes de la comunicación y el periodismo que han venido a Cuba, y hemos podido invitarlos para aprovechar esos espacios de encuentro con nuestros periodistas. Estoy pensando en Ramonet, en Jesús Martín Barbero, en tantos otros…

Todo esto se hace con un claustro fijo muy reducido, pero con otros muchos colaboradores, periodistas en ejercicio que son también parte de nuestro equipo.

A raíz del Congreso se abren retos tremendos para el periodismo cubano, para la UPEC, y para el Instituto. Han madurado un grupo de condiciones como para acometer o encaminar la solución de los problemas de nuestra prensa que ya están muy bien identificados, y acerca de los cuales existe un trabajo de sistematización como el que Julio García Luis nos legó y que nos permite pensarlos en un nivel mayor de complejización. En muchos temas estamos en condiciones de subir el listón y pasar a otro nivel de profundización, de actualización, de especialización. Siempre a partir de diagnósticos. Hay que contar con la opinión de nuestros colegas.

Tenemos por supuesto el gran reto de acompañar y ayudar a muchas personas que en el sector ocupan plazas como periodistas y que no tuvieron en su momento una formación universitaria de periodismo.

¿Cuál sería la agenda que tendría el Instituto en función de ampliar sus relaciones internacionales y dinamizar su impacto, su acceso, al gremio periodístico sobre todo en América Latina?

El Instituto tiene adelantadas algunas líneas de trabajo que habrá que seguir reforzando. Debemos seguir ampliando el número de colegas latinoamericanos que participen con nosotros en calidad de estudiantes en nuestros cursos, talleres, etc. Al mismo tiempo debemos seguir ofreciendo acciones de capacitación (diplomados, cursos, etc.) que puedan desarrollarse en países de la región. Y una tercera línea ha sido la invitación de profesores extranjeros para que integren nuestro claustro y desarrollen este tipo de acciones formativas en nuestro país. Todo esto se ampliará también en la medida en que consolidemos aún más nuestras relaciones (y las de la UPEC) con asociaciones, colegios, grupos profesionales, etc. en nuestro continente.

No termino sin preguntarte ¿qué se siente al estar en la silla de Guillermo Cabrera Álvarez y de Antonio Moltó?

(Silencio) Me cuesta. Hasta responderlo, me cuesta. La admiración que uno tiene por Guillermo y el cariño ¡es tan grande…! Como por Moltó, aunque quizás sea más difícil hablar de él en los mismos términos, no vaya a parecer adulonería. Pero en fin… Lo primero que pienso es que no hay manera de sustituirlos. El espacio que ocupó Guillermo en este Instituto, que lo revolucionó, que le puso su impronta profesional y humana, no puede ser sustituido por nadie. Como tampoco el de Moltó que supo tan bien darle continuidad a lo que nos dejó el Guille. Lo primero que me viene entonces a la mente es ¿estaré a la altura para que no se pierda ese legado, y para incorporarle lo que estos tiempos están demandando? Eso es lo que siento cuando pienso en ellos.

(Milena Recio)

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Acerca de Departamento de Comunicación

Centro docente para la capacitación y superación de los periodistas de Cuba y América Latina
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