Pedro Miguel: Periodismo y Tecnología (Parte III y final: Assange y Wikileaks

Tomado del blog La Pupila Insomne

Pedro Miguel entrevista a Julian a Assage

Con este fragmento, que recoge el encuentro de Pedro Miguel en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí con blogueros cubanos sobre el modo en que La Jornada trabajó la información que le entregó Wikileaks y su visión  sobre Julian Assange, a quien entrevistó en la embajada de Ecuador en Londres, cerramos esta serie con el editorialista de uno de los periódicos más influyentes en lengua española. 

Estoy en La Habana de una manera inesperada, intempestiva, pero muy contento de estar aquí. Me he llevado muchas sorpresas muy gratas.

Quizás una de las cosas que pueda platicarles en retribución de la hospitalidad cubana, de la amabilidad entrañable, sea una historia reciente, la aventura que hemos vivido con esta organización de muchachos, que no son más de 20, varios de ellos tienen las edades de ustedes, que es WikiLeaks.

Que tiene tantas cosas en común con la historia de Cuba, con las actitudes de resistencia, las actitudes indómitas que han formado este país. Se han formado en toda la América Latina, aunque en la región hay procesos muy contrastados, procesos de desarrollo sociales, procesos de regresión social, como los que estamos viviendo los países incluidos en el Pacto del Pacífico: México, Perú, Colombia y Chile. Y procesos de avance social muy significativo, que son los que involucran a buena parte de los países del continente. Con sus diferencias, con sus distancias de ritmo, de tiempo, etc.

No deja de ser muy impresionante que una organización de unos cuantos muchachos haya desafiado a los máximos poderes del mundo. Cuando yo me encontré con Julian Assange en algún lugar al este de Inglaterra, una noche de enero del 2011, en una situación de clandestinidad, WikiLeaks ya era una organización muy perseguida.

Le dije: “En La Jornada los admiramos mucho, porque ustedes le han propinado a los Estados Unidos el mayor golpe que han recibido desde el 11 de septiembre del 2001.” Y él me replicó de inmediato y sin vacilar. “Sí, pero nosotros no causamos esas muertes.”

Y sin embargo, ahí está el hecho, ahí está el hecho del golpe, ahí está el hecho de la destrucción, que no es de las Torres Gemelas, sino de un aparato diplomático que fue devastado por las revelaciones de los cables del departamento de Estado, que son las revelaciones con las que nosotros trabajamos.

Yo me atrevo entonces a pensar que hay un antes y un después del 11 de septiembre. En el mundo es una fecha que le dio un viraje al planeta, porque las relaciones internacionales van muy mal. La administración de Clinton y la salida de Bush, momento de relativa calma.

Sin renunciar, claro, a la vocación imperial de Estados Unidos, sin renunciar a meter las narices donde no le importa; sin renunciar a ir a bombardear una fábrica de aspirinas en la lejana Somalia, como pretexto de matar a no sé quién.

Pero había, sin embargo, un creciente equilibrio y el mundo estaba preocupado por una agenda positiva, por una agenda climática, por una agenda contra el hambre, etc. Y esto cambia bruscamente con el 11 de septiembre, y entramos en la negra noche del llamado combate al terrorismo internacional.

No es sino la reformulación de un discurso de dominación imperial, no voy a llegar tan lejos como decir que el atentado del 11 de septiembre fue tramado adentro, en el seno del pueblo estadounidense, me parece que esto es muy delirante.

Pero creo que el poder estadounidense aprovechó estos atentados para hacerse de un programa político, de un programa de política internacional, acorde con las necesidades de expansión de sus capitales.

Se hicieron grandes descubrimientos en la era de Bush, por ejemplo. Se destruyó un país, y destruir un país puede hacer un gran negocio, lo aplicaron en Afganistán, lo aplicaron en Iraq, y hoy día lo están aplicando en México. México está viviendo una guerra que, oficialmente, es una guerra contra las drogas, pero en realidad, es una guerra contra la población, para devastar al país y luego reconstruirlo, desintegrar las instituciones para entrar a saco en el mercado. Apoderarse de las mejores condiciones de sus recursos naturales, de su petróleo, etc.

Así como hay un viraje antes y después del 11 de septiembre, también hay un viraje muy importante antes y después de este paquete de revelaciones de las miserias del poder estadounidense, que tiene lugar en el segundo semestre del 2010 y en el primer semestre del 2011.

Recapitulemos. WikiLeaks es una pequeña organización que se había venido formando sobre asuntos del África, asuntos de China, asuntos de violaciones a los derechos humanos. Donde había algunas revelaciones de gobiernos de países periféricos, WikiLeaks la ponía al servicio de los medios.

Y de pronto, a mediados del 2010, conmociona a la opinión pública mundial con los papeles de la guerra en Iraq, entre los cuales, destacadamente, apareció un video tomado desde un helicóptero militar artillado, de ataque, que registra los movimientos del aparato y registra el diálogo de los pilotos.

Son helicópteros biplaza que llevan un piloto y un artillero. Los dos dialogan mientras vuelan encima de Bagdag, y de pronto detectan a un grupo de personas, una de las cuales lleva una cámara.

El artillero le dice al piloto: “¿qué, le disparamos?” Y el piloto le dice: “dispárales”, y masacran al grupo con ametralladoras de estas que sirven para reventar tanques. Dejan un reguero de muertos y heridos.

En ese momento aparece un transporte familiar, de una familia local que va pasando, ve a los heridos y se detiene para ayudarles; el helicóptero regresa y masacra a los integrantes de ese transporte familiar. Murieron los padres, quedaron heridos los niños, dos niñas, creo que eran.

Se suman más muertos a los muertos originales, y los tripulantes del helicóptero, pues se dan la vuelta, diciendo “misión cumplida”, muy contentos, a su base.

Este fue el documento más terrible, pero no fue el único. Fueron cientos de miles de documentos que testimoniaban homicidios, torturas, secuestros, violaciones, etc., perpetrados por las fuerzas de ocupación de Estados Unidos en Iraq.

Y unas semanas después viene otro paquete informativo: los papeles de la guerra de Afganistán, en los que se pone al descubierto que no fue una operación de libertad, no fue un operativo para llevar la democracia a este país, sino una incorporación de venganza a esa nación y sus habitantes, una operación para devastar a una población inerme.

El efecto WikiLeaks es, les decía, devastador para el Pentágono, para Estados Unidos, que en términos de imagen y credibilidad, cae por los suelos. Todavía no han terminado de reponerse de esas revelaciones, cuando a fines de noviembre del 2011, WikiLeaks anuncia que tiene 250 mil cables del departamento de Estado: reportes redactados en las embajadas, consulados, y en este caso, las oficinas de intereses de Estados Unidos en el mundo enviados al departamento de Estado.

Entrega este material a cinco diarios, que son: El País, Le Monde, The Guardian, The New York Times y Der Spiegel. Les dice: “Investiguen la información, aquí están los documentos”.

WikiLeaks es una pequeña organización que no tiene ninguna capacidad periodística para procesar 250 mil documentos. Entonces tiene que actuar en colaboración con otros medios que tienen más capacidades periodísticas instaladas, para ir convirtiendo en noticias esos documentos crudos, que son muy arduos de leer, son muy aburridos, llenos de siglas, de claves, cifras, etc., que no están hechos como noticias, sino que están redactados como reportes, informes, muchas veces secretos, confidenciales, de los diplomáticos de Estados Unidos al departamento de Estado.

Empieza el trabajo de estos cinco medios y muy pronto la opinión pública del mundo se da cuenta de que estos cinco medios están actuando en una forma poco periodística, poco correcta. Es decir, están guardando la información, están especulando con ella, están apostando con ella, y a veces, en vez de descubrirla, la ocultan.

A mi parecer, esta fue una cuarta gran revelación involuntaria hecha por WikiLeaks. De pronto, descubrieron que los medios no son el cuarto poder, sino que los medios son parte del poder. Que no hay una distancia, no hay una sepsia entre el New York Times y el gobierno de Estados Unidos; entre Le Monde y el gobierno de Francia; entre El País y el gobierno de España. No, El País, Le Monde, el New York Times son parte de esos gobiernos.

Hasta hace unas décadas hablábamos de los medios pro gubernamentales. Y hoy me temo que tendríamos que hablar de los gobiernos pro mediáticos, porque resulta que ya los medios son el gobierno.

Expongo tres casos concretos: Brasil, a mediados de los años 90. Sube a la presidencia un señor llamado Fernando Collor de Melo, que tiene como proyecto central hacerse rico, esa es su plataforma política. ¿Y quién lo pone en la presidencia? El poder de convencimiento y de persuasión de la cadena Globo; una cadena de medios que tenía periódicos, estaciones de radio,  canales de televisión, puso en la presidencia a su candidato. A este grado quedó la distorsión de la democracia formal, del voto del poder.

Esto se reflejó después en Italia, no tenía que ser el Tercer Mundo para que ocurriera. En un país del Primer Mundo, de la Unión Europea, Silvio Berlusconi se compró todos los medios del país para llegar a la primera magistratura, así de simple.

Y volvió a ocurrir en México el año pasado, Televisa, que es la principal cadena televisiva del país, radial, territorial, compró una presidencia y puso su candidatura, su engendro: Enrique Peña Nieto, que es el actual presidente de la república.

Esta situación generó tendencias de opinión respecto al terrible y devastador poder de los medios. Y entonces fue toda una revelación para los medios escuchar decir: “oh, no basta con dejar las cosas al inicio, necesitamos además que los medios cuenten lo que está ocurriendo, porque si no lo cuentan no sirve de nada.”

Imagino que WikiLeaks se dio cuenta de esto, porque muy pronto, en diciembre del 2011, cambió de estrategia. Decidió cambiar de diálogos y, entonces, nos buscó. Buscó a La Jornada, pidió que fuera alguien del periódico a Inglaterra a buscar los cables. Ya no todo el paquete, sino los 4 900 cables redactados por la embajada y los consulados de Estados Unidos en México. Es decir, la embajada con sede en la ciudad de México, el consulado de Guadalajara, el consulado de Mérida, el consulado de Tijuana, y después de una búsqueda a la que asistió míster link, Julian Assange, me dio esto que siempre traigo conmigo -muestra una memoria flash- : los 4 900 cables que tenía WikiLeaks originalmente.

Después de La Jornada, buscó a otros medios en América, en Asia, en África, para que trabajaran cada uno con su paquete nacional, con su paquete informativo bajo ciertas reglas muy estrictas que acordamos con ellos. Íbamos a producir notas a partir de los documentos que ellos nos entregaban, y en el momento en que los documentos fuesen citados en una nota nuestra, quedaban liberados, o sea, disponibles al público en Internet, en el sitio del medio.

Fue muy complicado, porque además, había que comunicarse por un canal cifrado. No la memoria en sí, sino lo que tiene adentro, no será propiedad de los Estados Unidos, aunque este gobierno podría decir que estoy en posesión de algo de su propiedad, y habría terminado antes en Cuba y no ahora, no aquí, sino en Guantánamo.

Eran condiciones no sé si de persecuciones o paranoia, o tal vez un poco de las dos. Cada vez que citábamos un documento, lo teníamos que buscar y comunicarnos con ellos a través de canales seguros en Internet.

Lo que había aquí era un archivo, un solo archivo con formato separados por comas, 4 900 documentos al hilo, metidos en una sola cosa, sin ningún orden, sin ningún concierto, en el que igual había listas de nombres de personas que habían ido a un curso de agronomía, en el departamento de agricultura de Estados Unidos, o nóminas de embajadas sin ningún interés, o recibos de gasolina.

Era un caos. Todo eso precedido por encabezados, llenos de letras y de números que no tenían ningún sentido. Primero me entregó ese gran archivo, contenedor de todo, en Inglaterra. Assange me dijo: “En cuanto regreses a tu país, te pones en contacto con nosotros por el canal seguro, y entonces te vamos a mandar la contraseña  de ese archivo para que lo puedas abrir.”

Soy muy bruto en asuntos tecnológicos, no seguí haciendo esas cosas y me quedé muy atrás. La sola construcción de ese canal seguro sobrepasó mis fuerzas. Tuve que hablarle a un amigo hacker, al que le dicen La Mancha. Es de una generación de hackers mexicana, que se formó en los años 70 y 80, en lo que era el Instituto de Educación de Investigaciones de Matemáticas Aplicadas al Sistema. Son los hackers legendarios del país, que algún día se metieron a las computadoras del Instituto General electoral para demostrar cuán vulnerables eran, por ejemplo. Y se los estaban llevando a la cárcel por eso.

Y son buenos: La Mancha, la Morfa, Moriarti, Quintero, Yacuza, una serie de  figuras. Le hablé a La Mancha, y le dije: “Manchita, por el amor de Dios no entiendo nada. Ven a mi casa ahorita, tengo algo muy importante, ven.”

Llegó, vio de qué se trataba, se puso a trabajar en la construcción de ese canal seguro de comunicación; esa noche no dormimos. Luego teníamos que hacer unas redes de computadoras fuera de Internet, porque el Pentágono y el departamento de Defensa tenían tres mil computadoras rastreando la red, buscando algo.

No sé si para borrar la información o tirarnos un misil en la cabeza, no sé. Pero sí sabíamos, el dato preciso, de que sí habían tres mil computadoras del Pentágono trabajando en esto, en la ubicación de estas instalaciones.

Finalmente pudimos abrir el archivo, recibimos la contraseña y yo me imaginé que iba ser una contraseña de 40 caracteres, no, eran dos párrafos de contraseñas, números y datos. “Díctame, Mancha.”

Armamos las redes y pudimos invitar a los reporteros a que metieran las narices en aquel caos. En aquel documento de muy difícil lectura empezamos a armar conjuntos, con las funciones de cortar y pegar, a relacionar asuntos.

Fuimos haciendo montoncitos, algunos ordenaban papeles, y empezamos pronto a encontrar cosas muy sustanciales, cosas muy fuertes.

Para principios de marzo del 2011, empezamos a publicar informaciones del archivo de WikiLeaks. ¿Qué publicamos? Unas 400 noticias, quizás, unas 400 historias. Me referiré a algunas.

Por ejemplo, en el curso del 2010, el ejército mexicano cometió toda clase de atrocidades contra la población civil de Juárez, una ciudad fronteriza que colinda con el Paso Texas. La violencia en ciudad de Juárez era incontrolable, y entonces se mandó al ejército; este multiplicó la violencia y empezó a cometer atropellos muy grandes, asesinatos incluidos, desapariciones, etc.

Había un clamor para sacar al ejército de las calles de ciudad de Juárez por parte de organizaciones civiles, personalidades, partidos políticos, etc. De pronto, el ejército se retira y todos piensan: “¡ya ganamos, ¿no?! Fue un triunfo de la sociedad movilizada sacar el ejército de aquí.”

Luego leímos en el cable un reporte del embajador, entonces Carlos Pascual, diciendo: “Ya organicé el retiro del ejército de ciudad de Juárez, porque esto le hacía daño a la imagen de México, entonces tenía yo que coordinar que sacaran a los militares y que entrara la policía civil. Solo nos hace falta avisarle al gobernador de Chihuahua, el estado de la ciudad de Juárez de que el ejército se va a ir.”

También nos enteramos, por ejemplo, de que el entonces secretario de Seguridad Pública de México, Gerardo García Luna, principal ejecutor de la política de seguridad del presidente  Calderón, que fue una política de guerra para desestabilizar al país y llevarlo a la ingobernabilidad; ese hombre, que tiene tantos delitos encima y al que algún día lograremos sentar en un tribunal junto a Felipe Calderón, por crímenes de lesa humanidad; ese hombre le ofreció a su contraparte de Estados Unidos, Michel Cherton, secretario de seguridad del interior, darle toda la información de seguridad nacional de México. No se puso a considerar, que en toda la historia de México, desde 1821, año en que se consume la independencia, hasta el 2011, año en el que le hace ese ofrecimiento, la principal amenaza a la seguridad de México se llama Estados Unidos.

México ha sufrido muchas invasiones y casi todas han venido de territorio estadounidense. EE.UU le quitó a México la mitad del territorio, organizó el golpe de estado que culminó con el asesinado de Francisco Madero, el dirigente democratizador después de una sangrienta dictadura, la de Porfirio Díaz. Quien destruyó ese incipiente proyecto democrático en 1913, fue el embajador de Estados Unidos.

Son de Estados Unidos las empresas que, a fines de los años 30 del siglo pasado, tenían todas las vertientes del Golfo de México bajo su dominio, al margen del imperio de las leyes mexicanas. Ellos, las empresas petroleras, quitaban y ponían autoridades locales, mandaban a asesinar dirigentes campesinos. El presidente Lázaro Cárdenas las tuvo que expropiar, porque habían conformado un estado dentro de un estado.

Ellos mandaban tropas a perseguir a Pancho Villa. Bombardearon el puerto de Veracruz 14 veces. A esos, Gerardo García Luna les estaba entregando la información de nuestra seguridad nacional, de ese tamaño. México no tiene más amenaza a la seguridad nacional que los Estados Unidos.

España dejó de serlo a principios del siglo XIX. Francia dejó de serlo, desde que el imperio de Napoleón III fue derrocado en México, en 1862. Nuestros otros vecinos son Belice y Guatemala, que no son amenazas. A Estados Unidos se le estaba entregando toda la información de seguridad nacional.

Otro ejemplo muy escandaloso fue un reporte de septiembre de 2006. Acababa de ocurrir, en julio de ese año, un proceso electoral que ganó quién??? con el 35% de los votos, y en el que Felipe Calderón quedó en segundo lugar, con solo el 30%.

El gobierno de Calderón operó un fraude electoral en el que no le quitaron votos a López Obrador, le quitaron votos al candidato del (Partido Revolucionario Institucional) PRI. Es decir, el candidato del PRI vendió sus votos a Felipe Calderón, le pasaron el 6% de los votos del priísta para que este le pudiera ganar con el 1% a Andrés Manuel López Obrador. Esa fue la elección del 2006.

Ya la tenemos reconstruida, ya la tenemos mapeada. Tenemos análisis estadísticos, todo un aparato científico que nos permite establecer con mucha veracidad, con un margen de error muy pequeño, cuáles fueron los resultados reales de esa elección adulterada.

Por supuesto, hubo un movimiento de protesta nacional muy exaltado. Estaban robando la presidencia de la república, y los grandes beneficiarios del proceso democratizador que había impulsado la sociedad eran los panitas, los entonces miembros del equipo gobernante, el Partido Acción Nacional, estaban traicionando la democracia recién establecida seis años antes con la llegada a la presidencia del presidente Fox, primer presidente no priísta en 70 años de historia. Pero ellos volvían. Volvían al fraude que había registrado la historia. Había mucha indignación.

Además, Vicente Fox despreciaba mucho a Felipe Calderón. No era el candidato que a él le gustaba, pero lo tenía que apoyar, tenía que hacer un fraude, porque era el candidato de su partido y, además, la oligarquía mexicana estaba dispuesta a impedir a toda costa que López Obrador ganara la presidencia, ya que este tenía un proyecto nacional.

No se puede decir capitalista, no se puede decir mucho menos que socialista, simplemente tenía un proyecto nacional, con dos ejes fundamentales: restablecer los mecanismos de redistribución de las riquezas y del ingreso,  restablecer el estado de bienestar, y combatir la corrupción.

Estos tres factores eran impensables para la oligarquía mexicana, enriquecida en principios neoliberales, gracias a la concentración de las riquezas, a la destrucción del estado de bienestar, y, por supuesto, gracias a la corrupción.

Felipe Calderón estaba muy tambaleante. A pesar de la autoridad electoral haberlo declarado triunfador, nadie creyó en ello. El embajador de Estados Unidos en México, Tony Garza, le escribió a la entonces secretaria de Estado, Condolezza Rice, y le dice: “Felipe Calderón está en un estado de extrema debilidad, es ilegítimo, y además no lo quiere el presidente Fox. El movimiento opositor está muy fuerte en las calles, exigiendo que se cuente voto por voto. En estas circunstancias, yo mismo voy a encargar un equipo de transición para fortalecer a Felipe Calderón y asegurar el cumplimiento de la agenda de Estados Unidos en México.”

El poder presidencial en México se decide en la embajada de Estados Unidos. Sin embargo, la constitución de México dice otra cosa. En su artículo 34 plantea: “El poder es para el pueblo”.

Como ven, tenemos una realidad a contrapelo de la constitución. Una realidad que choca de frente con las normativas constitucionales. Lo sabíamos, pero no teníamos la evidencia. Cuando la tuvimos, la publicamos.

Estos pocos ejemplos son la clase de cosas que publicamos en primera plana en La Jornada, en esos meses de 2011. Hubo muchas otras. Se habló, por ejemplo, del vínculo del procurador, que vendría siendo el ministro de Justicia, con el narcotráfico. En fin, cosas de ese calibre.

En los cables del departamento de Estado, reportaban que Enrique Peña Nieto, hoy encaramado en la presidencia, era un hombre corrupto, jurásico, que pagaba a las encuestadoras para que le fabricaran las encuestas favorables a él.

Era un hombre que le daba dinero a los medios informativos para que hicieran coberturas favorables, etc. Todo eso está publicado.

Bien, ¿qué pasó? Se vio una conexión tremenda entre la presidencia de Calderón y el embajador. En ese momento cayó Pascual. Calderón pidió que se retirara a ese embajador, y el embajador se tuvo que ir.

¿Y qué pasó con Genaro García Luna? ¿Qué pasó con el propio Calderón? ¿Qué pasó con ese procurador, al que los representantes estadounidenses atribuían vínculos con el narcotráfico? Nada, con eso no pasó nada.

No pasó nada a pesar de nosotros haber publicado una información que tenía, a mi juicio, un potencial explosivo mucho mayor que la información del Watergate. Recuerdan que en los años 70 el New York Times divulga que Nixon mandó a espiar a los demócratas a partir de las elecciones, y la revelación de esa actividad ilegal de espionaje, le cuesta a Nixon la presidencia.

La información que nosotros publicamos habría tenido que generar un terremoto político en el país mucho mayor que Watergate. No habría tenido que renunciar el presidente y varios de sus colaboradores; se habrían tenido que ir a la cárcel. Pero no pasó nada.

Es decir, sí pasó, pero en la cúpula especial, arriba, en el gobierno. En las instituciones no ocurrió nada por una razón muy simple, y es que, a diferencia de lo ocurrido en el Watergate, en México, en el 2011, La Jornada se quedó sola como el primer medio de revelaciones.

Ningún otro medio metió las manos al fuego. Ningún otro medio le dio seguimiento. Lo que nosotros sí fuimos publicando, se iba haciendo público, y quedaba en los documentos originales muchísima información por investigar. Nosotros no nos dimos abasto en publicar todo lo que se dijo, era imposible.

Nuestros lectores nos criticaban, nos decían: “ustedes no están publicando todo, ¿por qué no lo publican todo de una buena vez? ¿Por qué se guardan las cosas?” Les teníamos que decir: “porque no damos a basto, porque si te publicamos 8 mil cuartillas de esta información tal y como está, cruda, no vas a entender ni papa”.

Tenemos que procesarlo, convertirlo en noticia. Pero estábamos bajo sorpresa, nuestros propios lectores estaban incurriendo y ocultando cosas. Habríamos tenido que hacer una edición del periódico de 400 páginas, era demencial.

Había material para el conjunto de medios: la televisión, la radio, los periódicos, se metieran al tema. Pero no se quisieron meter, salvo dos o tres honrosas excepciones: Carmen Aristegui en la radio, la revista Proceso, que publicó algo. Nadie más entró en el tema de WikiLeaks. No hubo columnistas en los otros diarios que reflexionaran sobre este asunto.

La Jornada circula entre 300 mil de personas, pongámosle un millón, contando Internet. Pero México tiene más de 110 millones de personas, y esto no alcanzó a cimbrar el país.

Para mí, esta fue la siguiente revelación de WikiLeaks: si no tenemos medios que cuenten la verdad, no nos sirve de nada la revelación, no nos sirve de nada la filtración ni dar con la verdad, porque, si los medios no son contrapeso del poder, sino parte de este, parte del sistema del ocultamiento del poder, pues estamos fritos.

Sin embargo, las cosas se movieron, hubo sectores de la sociedad en los que esa información que íbamos publicando causó un gran impacto. Esto fue decisivo en la gestación, un año después, de un gran movimiento ciudadano encabezado por los jóvenes, llamado: #Yosoy132.

Después de años ausentes en la escena política, los jóvenes volvieron insurreccionados.

De pronto, los sectores académicos, militantes, entendieron la imposibilidad de democratizar al país sino se democratizaba los medios. Al principio, no entendían este concepto. Nos decían: “pero ¿qué tiene que ver el PRI con la televisión?” Y les decíamos: “la televisión fortalece al PRI, la televisión le genera al PRI el discurso hegemónico y gracias a la televisión, la verdad del PRI es la verdad.”

Esto que nos costaba tanto trabajo explicar, cientos de miles de personas lo entendieron de golpe por el Movimiento #Yosoy132. Y lo entendieron, porque veían que la fuerza central de Peña Nieto como candidato, no era su popularidad, sino el respaldo televisivo que tenía detrás. El hecho de ser un candidato construido por la televisión, a la manera en que esta construye productos.

Peña Nieto es un producto, un empaque, una cara vacía, una etiqueta bonita donde dentro hay un proyecto político devastador para México, terriblemente dañino para la América Latina, porque significa perpetuar el alineamiento de México con los poderes imperiales.

Lo entendieron los jóvenes de #Yosoy132, y creo que, en gran medida, lo pudieron entender, porque habíamos estando publicando estas informaciones de WikiLeaks. Tal vez llegó muy tarde la información, tal vez llegó muy tarde el movimiento, tal vez fuimos muy tontos, o muy ingenuos. El hecho es que no se pudo impedir en México el siguiente fraude electoral, el del 2012, que fue totalmente distinto al del 2006.

Esta vez no se inventaron votos ni hubo un trasiego de votos falsos. Esta vez los votos que estaban dentro de las urnas a favor de Peña Nieto eran verdaderos. El problema es que cinco millones de esos votos fueron comprados.

El PRI repartió cientos de miles de tarjetas de débitos, con un poco de saldos para ir a tiendas departamentales, por 50, por 100 dólares. Distribuyó gallinas y chivos en las zonas rurales; distribuyó bolsas con comida, materiales de construcción, ¿a cambio de qué?. Echó a andar una máquina que es arto conocida en el país, pero nunca nos imaginamos que fuera a ser de semejante magnitud. Y no se pudo impedir este nuevo fraude, esta nueva distorsión de ese artículo constitucional que dice: “El poder es para el pueblo”.

Terminamos de publicar la información, y aunque no la publicamos toda, publicamos lo más significativo. Decidimos proteger a varias personas que habrían podido estar en riesgo si decíamos sus nombres, ese fue el único factor de censura que tuvimos en consideración. También decidimos, por buen gusto, no publicar cosas muy tristes ni muy deprimentes, como que algunos competidores nuestros sometían sus editoriales a los Estados Unidos. Nos pareció que era pornográfico publicar esas cosas, que era de muy mal gusto.

Tenemos historias de colaboración con WikiLeaks. Los papeles de Stratfor, por ejemplo. Stratfor es una agencia de inteligencia privada de Estados Unidos, cuyas redes fueron penetradas por Anonymous, estas redes ciberactivistas, y Anonymous entregó la información obtenida a WikiLeaks, y este la compartió con una serie de medios.

Pudimos explorarla, encontramos mucha pornografía: periodistas ilustres, políticos que eran informantes de Stratfort. Ya ni siquiera de la CIA, para tener un mínimo de nivel. Nuestra conclusión principal fue: si la Inteligencia de Estados Unidos depende de Stratfor, pues qué mal están. Están confiando en informantes que están perfectamente desorientados, desinformados.

Si me permiten, quisiera meterme un poco en la menudencia de la desclasificación de documentos en Estados Unidos. Hay dos formas de ocultar las cosas, una es ocultar literalmente, es decir, mantenerla secreta. Y otra, es divulgarla en medio de un torrente de información.

Hoy la moda, el modus operandi de los poderes establecidos ante la irrupción de esto que se ha llamado la transparencia, consiste en decir: “¡Ah, me quieres vigilar, me quieres fiscalizar!, quieres ver en dónde están mis trampas. Bueno, ahí sale todo el presupuesto del 2012, todas las facturas, investiga.” Se vuelve una tarea titánica, absolutamente imposible de realizar.

Busca entre 30 millones de facturas, y luego cotéjalo con los estados contables de siete mil dependencias de gobierno. No, no hay manera. Está perfectamente escondida la información.

El gobierno de Estados Unidos, cuando le piden que desclasifique algo, lo hace de forma simple: lo desclasifica, pero lo pone en las redes en formato PDF, como imagen, no como texto PDF, sino como imagen PDF, de modo  que si uno hace una búsqueda por palabra, no lo encuentra porque son imágenes.

Entonces hay que hacer un reconocimiento de caracteres, transformar la imagen en texto, es decir, una tarea imposible de realizar a menos que sea el gobierno de Estados Unidos quien lo realice.

Ellos son así de trabajosos. Algo que está en formato digital que no sea Word, les toman una foto y te dicen: aquí está el documento, y te ponen la foto de ese documento junto con 10 millones de página de Word fotografiadas. ¿Cómo busca uno ahí?

De igual manera, también ha habido algunas desclasificaciones accidentales. En el 2009, por ejemplo, pasó algo muy gracioso. El gobierno inglés colgó en las redes los planos de sus submarinos nucleares. Por un descuido burocrático, alguien confundió un archivo sobre las cosechas de 1969, y puso en la red los planos de sus submarinos nucleares. El equívoco duró unas 72 horas, pero imagino perfectamente, que en ese tiempo los chinos, los iraníes, los coreanos, etc., exprimieron esos archivos.

Con todo este universo, WikiLeaks encontró una manera de digitalizar todas las imágenes para convertirlas en textos y hacerlas consultables. Trabajó con un universo de dos millones de documentos desclasificados que por primera vez podían ser consultados en línea, por primera vez se podía buscar en ellos.  También nosotros hemos venido trabajando en ese proyecto.

En el ínterin ocurrió lo relativo a Assange, que eludió la persecución de Estados Unidos, a través de Suecia y Gran Bretaña. Además, hay toda una película acerca de que violó a unas suecas, y que tiene acusaciones por abuso sexual en Estocolmo, que pidió su extradición a Londres, pero Londres lo tenía bajo arresto domiciliario.

La extradición a Estocolmo significaba la segura extradición a Estados Unidos. En  ese momento, Assange decide buscar asilo en la embajada de Ecuador en Londres. Y hace poco más de un año se cumplió, creo que el 19 de julio, un año de estar atrapado en la embajada de Ecuador en Londres, sin posibilidad de llegar a Ecuador.

Nos pareció importante entrevistar a Assange, porque WikiLeaks le ha dado a los Estados Unidos el golpe más demoledor. Tal vez ahora ya no, tal vez Snowden le ha dado uno aún más demoledor. Sin embargo, desde las Torres Gemelas, Estados Unidos no había sido golpeado en su poderío imperial como lo fue con WikiLeaks.

Curiosamente había un aspecto poco conocido de Assange, que a mí me había parecido muy interesante conocer y divulgar, que era su visión del mundo, su pensamiento. ¿Por qué hizo lo que hizo?¿ porque es un muchacho travieso, o porque está loco, o porque es protagónico, o porque tenía un interés monetario, o porque tiene una ideología, o porque quiere cambiar el mundo? ¿Por qué lo hizo?

Decidimos ir a Londres a entrevistarlo. Estuve el mes pasado en la embajada de Ecuador en Londres,  y tuve una plática de toda una tarde con él. Lo que yo encontré fue un hombre con una visión política muy clara del mundo, una muy moderna de cómo ocurren las luchas de poder y las confrontaciones en el mundo de hoy, entre los grandes poderes establecidos y las sociedades.

Estamos en un mundo aprensivo, en un mundo oscuro dominado por poderes tiránicos, que a veces son políticos, a veces son gobiernos, a veces son conglomerados empresariales  u organismos internacionales. Miren nada más cómo está el sur de Europa, perfectamente devastado por imposiciones del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, sociedades en desintegración, la escala salvaje en que son sometidos a castigos fiscales y sociales. Así como América Latina estaba devastada en el 80 por esas mismas recetas de sectarismo.

Esos son los poderes que conforman una dictadura mundial y a los que se suman los medios; los medios no contrarrestan esos poderes, son parte de ellos. Y encontré que Assange comparte esta visión y que para él, el activismo internético, el ciberactivismo, ha sido una forma de buscar cambiar el mundo, transformar la realidad.

Él encontró esa vía, y me dijo: “En la política no me he metido”. Ahora ya se metió, pues es candidato a senador en Australia, lo cual le daría una mejor posición para obligar a  a soltarlo y a permitirle que viaje a Ecuador. Pero me decía: “No me he metido en un mundo político, ni el mundo de la política. Me metí en el mundo de las revelaciones, en el mundo de la información.”

Creo que Assange es un periodista. Sus primeros socios de estos periódicos, en los que primero confió no lo consideran así: “él es un informante, los periodistas somos nosotros”. Yo sí creo que Assange es periodista, creo que tiene la idea muy clara.

Le pregunté acerca de cuál ha sido la aportación principal de su trabajo en estos años, del trabajo de WikiLeaks. “¿Ha valido la pena, ha valido la pena vivir las persecuciones? ¿Ir a la cárcel?”, porque estuvo en algún momento en la cárcel.

“¿Ha valido la pena no ver a tus hijos? ¿No poder regresar a tu país? ¿Ha valido la pena que no te de la luz del sol, ni siquiera la luz del son londinense que es bastante tenue, durante un año?”

¿Ha valido la pena que estés en riesgo de ser llevado a los Estados Unidos y condenado a prisión perpetua, en un juicio absolutamente fársico, como los juicios contra los cinco, como el juicio contra Mannning?

Juicios en los que la sentencia está declarada de antemano, en los que ya se conoce el resultado. ¿Ha valido la pena todo? Él respondió: sí, ha valido la pena. Yo me he sentido muy satisfecho de los resultados. Porque el primer resultado es sobrevivir, y hemos sobrevivido, no estamos destruidos.”

Creo que la reflexión es muy valiosa en el contexto de un proyecto nacional como el cubano, que es distinto al resto de lo que ha ocurrido en América Latina y que le ha significado a Cuba tremendos sacrificios. Pero sobrevivir vale la pena. Es muy significativo este juicio, si lo vemos desde las izquierdas mexicanas.

En méxico nos han robado la presidencia tres veces desde 1988, pero no nos han podido destruir. Al régimen oligárquico que gobierna México, le encantaría vernos destruidos. Pero estamos de pie, no hemos podido llegar al poder, pero ellos no nos han podido destruir. Y representamos el único peligro político real, para ese modelo de saqueo nacional, para ese modelo en el que conjunta la devastación, la entrega del país, el empobrecimiento, el narcotráfico, la corrupción, etc.

Assange decía: “también hay otras satisfacciones. Después de Internet, penetran en un caos, y penetran un mercado, penetran un burdel y muchas cosas muy insignificantes, muy carentes de significado humano, de trascendencia. Lo que nosotros hicimos fue convertir a Internet en una escuela de información política.” Y me dijo: “Una cosa es que tú leas sobre un asunto. Nosotros podemos leer de Playa Girón, de ese episodio de Cuba, y aprenderemos de esa lectura. Pero no aprenderemos en la misma forma en la que la aprendieron los que la vivieron en Playa Girón, o la Crisis de los Misiles, etc”.

No somos protagonistas de esa historia; los protagonistas de esa historia tienen 60 años, 70 años. Y sin embargo somos protagonistas de  muchas historias, podemos ser protagonistas de muchas historias. Somos contemporáneos de esa gran batalla de la Revolución.  Somos contemporáneos de esa gran venganza, esta gran contraofensiva.

Para mí, el secuestro de Evo Morales, y la confiscación del barco cubano en el Canal de Panamá, son partes de la misma historia, son una gran contraofensiva, capítulos de una gran contraofensiva del imperio, que está profundamente tocado por dos temas.

Por su propia desnudez, que es una desnudez muy inmunda, porque han quedado descubiertas sus tripas de asesinos, de criminal consuetudinario, de corruptor, de intervencionistas.

De espías, de espías lascivos, ahora con Snowden, ahora yo hacía la broma, en cada email, en cada mensaje de celular, en cada entrada de Facebook, en cada Twitter, yo le pongo una posdata a Obama; le mando saludos, lo insulto, le digo: “¿cómo amaneciste?”.

Sé que es una metáfora, sé que no es propiamente Obama el que está interceptando mis comunicaciones, pero sé que las instancias del poder público en Estados Unidos las están interceptando.

Y en cierto sentido soy un protagonista, soy víctima de eso que está ocurriendo, una víctima directa, nadie me lo está platicando, no tengo que ir a un libro de historia para saber que si tengo un mensaje que pasar a mis semejantes, a mi círculo de amigos, a mis lectores, que pueden ser 10 o dos o 15 mil, tengo los instrumentos para hacerlo. Y sé que los instrumentos están intervenidos, pero que ni siquiera esa intervención puede detener la difusión de mis mensajes.

Creo entonces que esto nos puede hacer sentir si queremos protagonistas de la historia. Cuando nos sentimos protagonistas de la historia, hacemos historia, cambiamos el mundo, le damos una orientación.

Incidimos en los acontecimientos, no somos juguetes de las olas, no nos dejamos llevar, no tenemos ningún destino por determinar. Si no tenemos esa conciencia, vamos a terminar no sujetos, sino objetos pasivos.

Vamos a ser una cáscara en el mar, que las olas van a llevar de un lado para otro, un objeto sin motor, sin dirección. Creo que podemos aprender esa gran lección de esta historia. Me parece además que con todas las limitaciones, con todos los problemas que afronta Cuba, particularmente en el ámbito de las telecomunicaciones, de la informática, etc., no podemos renunciar a ello.

Tenemos que abusar de la imaginación, de la cooperación y la colaboración, tenemos que inventar formas, no podemos quedarnos en la queja: “no tengo Internet, no tengo ancho de banda, no tengo computadora, no tengo monitor de 30 pulgadas, no tengo impresora láser”. Podemos seguir acá, ustedes lo saben perfectamente. No nos podemos quedar atrás.

Tenemos el deber como sociedad de empujar los caminos. Las grandes representaciones políticas son expresión de algo, de otros poderes, o son expresión de nosotros mismos; depende lo que decidamos, depende de nosotros.

Yo puedo decir que el gobierno mexicano no es la representación del pueblo; el gobierno mexicano es la representación de un conglomerado empresarial y de mentiras. Queremos un gobierno que sea nuestra representación.

¿Quién sí es nuestra representación? El gobierno de la ciudad de México, ese es el agente, ahí no pasan fraude, hasta ahora. Ese lo conservamos, lo mantenemos. ¿Y qué pasa si nos desentendemos y decimos: “bueno, ya estamos representados”? No, vamos a perder.

Si no estamos encima, si no estamos participando, ni exigiendo, si no estamos proponiendo, corrigiendo todo el tiempo, permanentemente, las 24 horas, ese poder termina vaciado de significados, convertido en la expresión de su propia burocracia. Termina apoderado, siendo instrumentado por las empresas que quieren invertir en las ciudades, que quieren descalabrar todo el panorama urbano, termina en manos de la delincuencia.

Si no hay una sociedad movilizada y organizada, no hay representaciones sociales, y esto tiene que ver con la política, con la tecnología, con el periodismo, con la información.

WikiLeaks expresa esta posibilidad de cambiar el mundo, a partir de una toma de conciencia a partir de una larga imaginación. Imaginen ustedes, el asalto al poder imperial por 20 muchachos, donde algunos todavía tienen barros (aparatos en los dientes).

Los de mayor edad ahí son Assange y Hraffson. Assange tiene 41 y Hraffson 43, todos los demás son menores, 20 a 35 años. Entonces nosotros podemos hacerlo. Podemos transformar al mundo en la trinchera e involucrarlo en estas historias. Esa es la forma más básica que se me ocurre, estar al tanto de ella, de lo que queremos todos, que es básicamente lo mismo: comer, tener libertad, una soberanía individual, que no haya atropellos, ni diferencias mayoritarias sobre las minorías. Estos, más que objetivos de izquierda, son objetivos de las sociedades.

Luego esas sociedades tienen la visión tan distorsionada por los medios, que creen que solo se alcanzan por el libre mercado, o creen que esos objetivos se alcanzan al ganar una etiqueta de democracia regalada por la ONUDI, o por ONU o por cualquiera de esas organizaciones. Y no.

Esos objetivos no hay que dejarlos de lado, no hay que dejar de luchar por ellos, y para eso es importante estar al tanto de estas historias y saber que vamos a seguir participando en una gran batalla por la verdad, y que esto es solo el comienzo.

Hay un fenómeno en Estados Unidos de poli privatización del Estado, que ha derivado, por ejemplo, en la privatización de la seguridad. Strantord es una empresa que hace inteligencia nacional, y es una empresa privada. De la misma manera hay empresas de seguridad privadas que se dedican a darle suministros al ejército.

En Irak, a los soldados gringos les ponían guardaespaldas  privados a la hora de llevarlos al combate, porque la muerte de un soldado en Estados Unidos tenía un costo político enorme, aunque el soldado ganara dos mil dólares mensuales.

Entonces se contrataban guardaespaldas, que ganaban diez veces más para que cuidaran a los soldados. Si matan al guardaespaldas no importa, porque no es una baja oficial, porque las bajas de las empresas privadas de los constructores no se contabilizan.

Esas cosas tan grotescas de la privatización, de privatizar todo lo imaginable; las aduanas, el agua, lo que se les ocurra, se traduce en algo muy gracioso. Hoy día en Estados Unidos, hay cerca de cuatro millones de personas que tienen acceso a información clasificada, que son, no necesariamente empleados públicos, sino empleados de estas empresas privadas que le dan servicios a los organismos de seguridad, que le dan mantenimiento a sus computadoras, que le dan servicios de captura, escaneo, cualquier tipo de servicio.

Basta con que 10 de esos millones de personas se arriesguen, se atrevan a tener un acto de valor civil como lo tuvo Mannning, como lo tuvo Snowden, como lo ha tenido Julian Assange, para propinarle un golpe muy severo al imperio.

Es ese el escenario donde estamos. Tengámoslo muy presente, estamos luchando todos los días, desde siempre, y seguiremos luchando porque esto no se acaba, no se acaba nunca dignidad personal y colectiva.

Uno de los frentes principales de esa lucha, es la guerra por la verdad. Esto es uno de los episodios menores de esa guerra.

P: Sería bueno, desde su posición en La Jornada, crear un vínculo de trabajo y colaboración con la blogosfera cubana, basado en el intercambio de información y la gestión conjunta de algunos mensajes, de forma que podamos posicionarlos en otros escenarios mediáticos internacionales.

R: De este encuentro no salimos si no hacemos ya el intercambio de links. Yo soy bloguero, Navegaciones es mi blog, y desde luego hoy en la tarde, si funciona bien el Internet en el hotel, pongo los links que ustedes me den en mi blog, y quedamos conectados. Desde luego que a mí me interesa difundir el trabajo de ustedes.

Navegaciones se llama una columna en La Jornada. Creo que la CIA debe tener mi fecha de nacimiento, mis medidas, el lugar donde nací, las novias que he tenido, ¿no?, Es que ellos son exhaustivos.

P: Usted comentaba que aún cuando empezaban a brindarle los cables a la audiencia que tiene La Jornada dentro de México, a esa cantidad de lectores que tienen, no lograban el Watergate mexicano. ¿Creen ustedes que hicieron el esfuerzo suficiente en estos nuevos medios, precisamente en las redes sociales, en tratar de llevarle lo mejor a los jóvenes? ¿O se manejó al estilo del periodismo más tradicional?

R: Sí se hizo un esfuerzo por divulgar en las redes sociales la información. Yo también estoy en Twitter, soy twittero, y cada información que se publicaba, yo la twitteaba, y la ponía en Facebook también. El problema es que las redes son muy raras, México es un país muy raro. El escenario del 2011 fue de total pasividad, de desmovilización total, y de pronto el 2012, una movilización nacional impresionante. Yo creo que volvió a cambiar de dirección.

Entonces hicieron un revuelo enorme, por eso llegó muy pronto la información. Tal vez si hubiese llegado en el 2012, hubiese tenido un impacto mayor en las redes sociales.

A pesar del esfuerzo, no dejó de ser muy insuficiente. La Jornada, como todo medio surgido en el papel, tiene deficiencias en Internet. Estamos haciendo un esfuerzo muy serio por actualizarnos, por pensar internéticamente, creo que es muy importante.

Soy de la idea de que el papel está condenado a la extinción. Me duele, porque es bonito el papel, pero es muy racional como industria, comerte media hectárea de bosque para hacer un tiraje, ocupar a todo un cuerpo de redactores, de reporteros, editores, secretarias, de mensajeros, de directores, de coordinadores.

Y después, a todo un cuerpo de maquinistas, para echar a andar la rotativa, la circulación de la rotativa, toda la energía eléctrica que eso se lleva, el agua, el papel, la tinta. Y después echar a andar una red de distribución enorme, para generar un producto que tiene una tirada de dos horas, porque después del medio día el periódico te sirve para envolver la vajilla, para espantar al perro, para matar las moscas, es un poco grotesco.

Entonces tenemos que evolucionar, y vamos a Internet. No sé, ocurrió muy tempestivamente, muy tardíamente. Tal vez si hubiésemos empezado con estas revelaciones desde antes, habríamos llegado a 2012 con una mayor conciencia social, no sé. Las redes estaban dormidas, en el 2012 se despertaron.

P: Recientemente discutíamos el caso Snowden, el verdadero papel de Assange en WikiLeaks, ¿es o no un intermediario? ¿Qué otro papel juega WikiLeaks?

No me gusta pensar en términos de quién es más heroico, o quién no. Cada uno de ellos ha hecho lo correcto en el momento en que debía hacerlo, asumiendo riesgos personales monumentales.

Creo que todos somos indispensables, todos somos imprescindibles o reemplazables al mismo tiempo. Tienen otro papel, hay algo oculto. En los actos de Mannning, Assange, Snowden, toda esta lista. En el caso de Mannning, está publicado que este traía un conflicto interno muy grave antes de sus revelaciones, tenía un problema de identidad de género.

No sé si eso tuvo que ver con las revelaciones o no. En lo personal sí imagino que si una persona sin ese componente está en los zapatos, y más bien en las botas de un soldado estadounidense en Irak, está sometido a una tensión devastadora. Y si además tienes un problema de identidad de género, me parece que es normal que esa tensión se multiplique por diez, por 100, por mil. Esas son las circunstancias en las que Mannning filtra la información.

El hecho es que es un héroe. Assange ya llevaba una carrera dedicada a filtraciones que estuvieran  en una información periodística. Las circunstancias en las que Assange decide dar a conocer estaban dadas.

Creo que Assange es un periodista simplemente por el hecho de que él no pone en un servidor de archivo todo lo que se encuentran, porque sabe que eso no es revelar informaciones, eso es ocultarla, eso es volverla irrelevante, eso es desinformar.

Él entrega la información a medios, porque sabe que un medio es importante, porque sabe que es necesario el trabajo periodístico para poder entregarle al público la información legible, coherente, y creo que tiene la noción perfectamente clara de lo que es el trabajo periodístico, sea el periodismo impreso, el periodismo bloguero, el periodismo internético, aunque él no haya estudiado periodismo, lo tiene muy claro.

Yo no tenía noticias de Snowden, sigo sin tenerlas. No sé de él más que lo que se ha publicado en los medios, que es muy poco, solo tenemos dos declaraciones. Tenía una casa en Hawai, vivía con una novia, que se fue a Hong Kong. Sabemos que tiene un padre en Estados Unidos, que le dice: “hijo, regresa y te van a perdonar”. No sabemos más.

Con esos elementos se puede decir que lo que hizo es enormemente liberador para la sociedad estadounidense, y es demoledor para el poder de Estados Unidos, y para las empresas que  dominan Internet, que han traicionado sistemáticamente su promesa de preservación de veracidad de los usuarios para entregarle al gobierno, a las instancias más sórdidas y siniestras del gobierno, la información privada.

Esos son los elementos de juicio. Su actuar me parece coherente, muy sensato, pero también es irónico. Tal vez un día descubramos que todo es una jugada malévola, no lo creo.

Es decir, me cuesta mucho creer que estampar un avión contra las Torres Gemelas fue una jugada malévola del poder estadounidense, no creo que sea un poder masoquista, que exhiba de esa manera su propia vulnerabilidad tirando otro avión en el Pentágono ¿Para qué?

P: ¿Qué importancia tuvo la negociación con medios de diferentes intereses para la divulgación de los cables?

WikiLeaks aprovechó magistralmente la oportunidad. Fue una oportunidad rara “¿Qué vamos a hacer con este tesoro que tenemos en las manos?” Pero creo que el tesoro se lo pusieron las posibilidades. Decía que no veo designios malévolos en Snowden, aunque no tengo información de esto.

Y en efecto, los medios a los que originalmente se distribuyó la información de WikiLeaks, sí ayudaron, a pesar de ellos no querer. En una forma totalmente  involuntaria; no es que quisieran esclarecer la política exterior del poder  estadounidense, es que no les quedó de otra. Tenían ese material en las manos, y no podían ser tan descarados como para no tomarlos, ¿no?

P: Me gustaría que hablara un poco más de Assange. Evidentemente a veces uno también tiene cierta percepción bastante romántica  del hacker, que en el caso de Julian Assange lo convierte, no solo en un héroe, sino un luchador social extraordinario.

Recuerdo que en el 2007, cuando empezamos a seguir el tema de WikiLeaks, uno no veía claramente de dónde había salido este grupo, en el sentido que surge como hacker chino. Parte de la información que colgaron en la Web era información interna de la cancillería venezolana… Hay una radicalización que se empieza a expresar cuando comienza esa batalla frontal con el poder.

R: En eso me llevas ventaja. Tú tenías noticias de WikiLeaks en un año tan temprano como el 2007, antes que yo las tuviera. La historia de WikiLeaks la tenía presente, pero no es hasta el 2010 que vienen las noticias fuertes.

Mira, hay hackers que se vuelven hackers por diversión, venganza, o solo por hacer travesuras; y algunos que recurren a ser hackers porque tienen un proyecto político, una intención transformadora. Hay quienes lo que quieren es hacer dinero, y cometen una hazaña informática, por así decirlo, y después van y se hacen contratar por el FBI, la CIA o la DEA como grandes expertos en seguridad.

Sabemos que un hacker exitoso tiene un futuro provisional asegurado. Si logra penetrar las computadoras, pongamos de la DEA, ¿cómo va a ser contratado por la DEA?, ¿no? Pues para que se la pase revisando las debilidades del sistema informático, por poner méritos.

Bueno, ¿en qué está Assange en todo este universo? Por lo que hablé con él, y he sabido, es un hombre con inquietudes sociales, que ha leído Marx y Engels, seguro.

Es un hombre que ha tenido lecturas de izquierda de marxistas, anarquistas. De hecho, creo que las diferencias entre Marx y sus colegas anarquistas, eran más enemistades viscerales que otra cosa, porque Marx también estaba de acuerdo en la posición del estado.

No sé si se ha radicalizado, o si bien se ha tornado partícipe. Yo creo que como lector de los anarquistas, como lector de Marx, muy originario, muy puro, Assange es un hombre que está contra el Estado, contra los estados entendiéndose estos como poderes conformados. Y sí puedo imaginar, con una imparcialidad muy radical, decir: “no me importa quién gobierne, estoy contra el gobierno”.

Hoy día vemos que Assange tiene una clara simpatía por ciertos gobiernos y una clara antipatía por otros, ¿a qué se debe ese cambio? Pues esta etapa ha sido para él como una prueba muy clara de las posturas de esos respectivos gobiernos, en torno a la libertad de expresión, al derecho de la información y a la transparencia, así de claro.

Tuvo una entrada en este gobierno, pero de pronto descubre ese trabajo, independientemente del daño o del beneficio que le haya causado el gobierno de Bolivia. El propio gobierno le manda a poner en la Web los cambios de percepción. Porque eso pasó en Bolivia. El propio gobierno boliviano dijo: “todo lo que haya de bueno en Bolivia, que se divulgue”. Cambia tu percepción de cuando crees que el gobierno ecuatoriano es un perseguidor de la libertad de expresión.

Aquí sí tengo datos muy precisos. El dato de haberme encontrado con Kristine Hraffson, que es el número dos de WikiLeaks, en Guayaquil, en un congreso auspiciado por El Universo, que es el periódico más oligárquico, más entregado a los intereses de los Estados Unidos, más mentiroso aún de lo que se pueda imaginar. El Universo, fue demandado por Rafael Correa, al acusar al Presidente de Ecuador de haber montado una farsa de golpe de Estado contra de sí mismo, y, por consecuencia, el responsable de las muertes que hubo en el curso de ese intento de golpe de Estado.

Correa se enojó tanto que los demandó y les ganó el juicio en tres instancias consecutivas. Fueron condenados a pagarle 40 millones de dólares de indemnización, incluso a penas de cárceles. En este momento Correa desistió de la acusación, solo quería probar que estos eran unos difamadores. Ese es El Universo.

Al evento patrocinado por este medio en Guayaquil, Hraffson llegó muy predispuesto contra el gobierno ecuatoriano, pensando que este perseguía a los periodistas. En el curso de horas, Hraffson  mudó de parecer, entendió los intentos de la gente de El Universo por utilizarnos. El se dio cuenta de que no había tal persecución contra la libertad de prensa, en todo caso, se trataba de acotar las facultades, y el sentimiento de cualquier cosa. O quizás una agenda política inconfesable publicando cualquier cosa.

Este fue Hraffson, y seguramente él influye en Assange. Posiblemente en el curso de ese viaje se cocinó el asilo, no sé. Si hubo reunión, no lo supe. Lo que supe es que Hraffson, el número dos de WikiLeaks estaba en Guayaquil, que tuvo contactos con la gente del gobierno, y que dos meses después Assange se fue a meter en la embajada de Ecuador en Londres.

Sí puedo imaginar un cambio cuando Assange entrevista a Correa. Se da una chispa de empatía entre los dos. Se entienden, se gustan, es decir, se caen bien.

Creo que la arrogancia, si la hubo, tenía más que ver con las experiencias personales que con consideraciones ideológicas, más que ver con los hogares alrededor de la historia uno. De Chávez, al principio, dijeron: ¡es un gorila!, será de izquierda, pero es un gorila, es un golpista, es un militarote. Pasaron años para que yo pudiera decir: “ah, no, este chavo es un individuo muy importante y tiene razón en lo que dice.” Nunca sentí simpatía, pero los sucesos, las evidencias fueron transformando mi percepción.

P: Háblanos de la experiencia de Londres. ¿Tenías miedo también? Debes haber sido un foco para los servicios de inteligencia norteamericanos, al igual que para los de Gran Bretaña.

R: Eso ha sido la aventura de mi vida. Ustedes conocen al personaje Míster Beans. Yo acabé en una mezcla de ese con James Bond, buscando al este de Inglaterra. WikiLeaks estaba clandestino y tenía entonces que sumergirme para reunirme con ellos.

Me tuvieron andando de una estación de tren a otra, por el este de Inglaterra, y hasta la fecha no sé decir en qué localidad concreta me reuní con ellos. Tenía miedo, pero fui a recoger los cables.

Compré el boleto más barato a Londres, y hacía escala en Dallas. Fue el boleto más barato, porque La Jornada es un periódico pobre, siempre hemos tenido el reflejo de la pobreza: No hay que gastar mucho porque no tenemos mucho dinero.

No fui consciente de lo que había hecho, hasta que me vi en el avión de Dallas a Londres, sentado con un tipo que me empezó a hacer pláticas, era consultor militar de Dallas. Y yo, “¿dónde estoy?” En la boca del lobo. Estaba muerto de susto, doble.

Es decir, Estados Unidos me daba miedo; me daba miedo Gran Bretaña; me daba miedo hasta la inteligencia de México. Calderón deshizo al país, pero también, afortunadamente, deshizo los organismos de inteligencia.

Creo que esos ni se enteraron de que yo había ido, o por lo que había ido. La inteligencia mexicana era buena, si se enteraba en qué cosa andabas, te pescaba seguro. A mí de joven me pescó una que otra vez.

Entonces, tenía mucho miedo de hacer el ridículo. Yo había recibido un email, de alguien que prácticamente desconocía, sin ninguna evidencia de que ese alguien tenía una vinculación real con WikiLeaks. Era simplemente creerle o no.

Todo lo que me dijo fue: “toma un boleto, y a partir del 18 de enero, cuando llegues a Londres, enciendes tu computadora y enciente tu celular”. Punto, no me dijo nada más.

Pensé que tal vez eso se le pudo ocurrir a alguien a quien yo le hice algún daño, y quería burlarse de mí. Es decir, era totalmente inverosímil, eso había podido ocurrir. Luego me puse a pensar, por ejemplo, en los secuestradores que te ponen en Internet un email, que dice: mira. “Soy Fulanita de Tal, y soy muy guapa y te quiero conocer, y me gustas”. O bien te dicen: “mira, soy el heredero de un señor que se metió en un avionazo y me dejó millones de dólares, lo quiero compartir contigo, te necesito”.

Esas cosas abundan en Internet. Pensé que tal vez habrían evolucionado, y ahora, en vez de ofrecer chicas guapas y fortunas, te ofrecen cables de WikiLeaks, y están dando cita en Londres para secuestrarte, o en este caso, descuartizarme. Sí, más que miedo me dio pavor.

Empecé a recibir mensajes. Uno de ellos decía: “Vete a la estación tal, apaga el celular y lo enciendes cuando llegues ese día. Toma el tren de las cinco rumbo a las costas, apagas el celular y cuando llegues a las costas lo enciendes y estate ahí”.

“Toma el tren, apaga el celular, enciéndelo”. Me marearon. Era la perdiz por todo el este de Inglaterra; ya al filo de las ocho, en la nueva estación me dicen: “toma el último tren con rumbo tal, apaga el celular y ya no lo enciendas.”

Llego al tal lugar. Ya en la noche, el último tren, muerto de frío, en una estación como un foco, pues qué hice, me senté a llorar mi muerte allí. Entonces, apareció un carrito de esos que se manejan al revés, con unos tipos que me dijeron que subiera. Bueno, ya que estoy aquí me subo, ¿no?

Manejaban horrible, por el lado que no es, tan pegados a la izquierda, parecen locos. Eso incrementaba mi miedo. Me llevaron a la casa donde estaba Assange y el equipo de WikiLeaks.

Cuando llegué Assange me explicó lo de las redes de computadoras, de estas historias. Y luego, tuve que quedarme a dormir ahí porque ya no había trenes. Assange se fue a la casa donde estaba oficialmente durmiendo, porque si no dormía en esa casa le sonaba el grillete que tenía en el tobillo, porque estaba bajo arresto domiciliario.

Esperé el siguiente tren a Londres, el primero en la mañana. Ya no tenía tanto miedo cuando, esta mujer que fue enviada con Snowden, Sara Harrison, me llevó a la estación de trenes, a las 7 y media de la mañana. Creo que es una mujer muy admirable, muy capaz. Y muy audaz, ¡cómo maneja!, como lo habría  hecho mi bisabuela sentada en el coche. Ahí sí dije: ¡si llegué hasta aquí, ya me morí”.

Al regreso, tenía la escala en Dallas. Iba aterrorizado, por supuesto. El vuelo a México se canceló y me tuve que quedar en Dallas, en un hotelucho del aeropuerto, esperando a que en cualquier momento el FBI tirara la puerta.

No pasó nada de eso, el hecho es que yo llegué a México con ese dolor de no saber si estuvieron al tanto, o sino estuvieron; si logramos burlar la vigilancia, si nos estaban viendo y le dábamos risa. Esa parte de la historia espero algún día conocerla, que Estados Unidos platique esa parte, ¿no? Porque también esas cosas a veces pasan, a veces dónde estabas era del otro lado de la trinchera.

P: ¿Cómo son las circunstancias que rodean la embajada de Ecuador en Londres, o sea, en qué nido está Julián?

La embajada de Ecuador en Londres es un local de unos, yo calculo unos 150 metros cuadrados, o sea, que no es una jaula muy pequeña. Pero es un apartamento en la planta baja, o media planta baja, porque  los edificios tienen sótanos, como medio nivel.

Tú subes las escaleras de medio piso, entras y estás un apartamento amplio que tiene como tres frentes, a tres calles. Todo se ve muy bonito por los policías uniformados; solo hay dos que están así como para el turismo, puestos en la entrada de la embajada y que, seguramente, se encargan de cuidar la seguridad de la embajada.

Sobre todo está sembrado de agentes secretos, no solo de Gran Bretaña, sino de Suecia, de Estados Unidos, de Australia, de distintos servicios, y eso se respira, se percibe, y uno se da cuenta de que un tipo que lleva tres horas paseando a un perro, no está paseando a  ningún perro. No, es decir, ya orinó, ya hizo caca y el tipo sigue paseando, no, espérate, hay algo más, ¿qué puede ser?

P: Para nadie es secreto, y hace años se está hablando de ello, que Facebook y Twitter son plataformas creadas con el objetivo de espiar y obtener información de todo lo que puedan. ¿Qué cambio representa que Snowden lo haya demostrado? ¿Ha bajado el índice de personas que se conectan a Facebook? ¿Sigue la gente entrando en ambas plataformas?

R: Acerca del tema tengo una reflexión que compartir. Assange no cree que Facebook, aunque él dice que es una máquina para espiar, esté concebida para espiar. Yo disiento un poco, es decir, sí creo que es una máquina concebida para espiar, pero con un sentido preponderantemente comercial.

Lo que quieren los principales jugadores de Internet en la esfera mundial es controlar tus datos para ver cuáles son tus intereses, ver dónde vives, cuánto ganas, para luego venderte desde jabones hasta automóviles, creo que hasta casas. Esa es mi impresión.

Hay un escenario gubernamental que ocurre de manera incidental en el momento en  el que Facebook requiere la entrega de tus datos y uno los entrega sin ningún tapujo. Pero no creo que el gobierno haya inventado a Facebook para espiar los ciudadanos.

Podría ser el invento de algunas corporaciones para espiar a los ciudadanos, no para detectar terroristas, sino para detectar consumidores. En eso tengo una discrepancia con Assange, que, o soy más cándido, o no soy tan paranoico. No sé cuál de las dos.

En todo caso, lo que puedo decir es que, para mí, Facebook es casi un instrumento maravilloso. Si el precio que tengo que pagar es que sepan que tengo una hija, dos perros, ¡pues que lo sepan!, ¡qué me importa!

Facebook me permite compartir reflexiones con ocho mil personas, o más. Es decir, 8 mil tengo como amigos, pero esos amigos tienen amigos y lo reproducen. Creo que hay puntos de vista que hay que dar a conocer, creo que hay documentos que hay que dar a conocer.

Creo que hay reflexiones que hacerse, información que hay que pasar. Y bueno, que existan 8 mil personas que tienen acceso a eso que yo voy poniendo, me parece que es importante. ¿Pero más importante que eso es que el FBI, la CIA y Sansón se enteren de mis preferencias políticas, de mis intimidades, de mis gustos comerciales?

Tampoco los ando escondiendo, a veces ni los ando exhibiendo. Si yo estuviera empeñado en el estrellato de las Torres Gemelas, sería muy estúpido utilizar a Facebook, porque me descubrirían.

Pero como no estoy en el negocio de estrellar aviones, no me importa. De todos modos esos datos ya los conocía la inteligencia mexicana, seguramente los conocía la embajada de Estados Unidos. No se están enterando de nada nuevo cuando yo presente un análisis, un enfoque, una propuesta, una iniciativa, o distribuya documentos que me parecen importantes. No se van a enterar de nada nuevo.

Respecto a Twitter creo que es un poco distinto el caso, porque Twitter no te ordeña los datos como hace Facebook que está preguntando todo el tiempo: “¿dónde vive?, ¿en qué trabajas?, ¿estás casado o eres soltero?, ¿eres viudo? ¿Tienes mascotas?, ¿qué libros lees?, ¿qué música te gusta?, ¿qué películas ves?”.

Todo el tiempo está en ese ordeño. Twitter no, puedes tener mucho más anónimo, mucho más impersonal y creo que en todo caso, para la mayoría de la gente, el potencial de comunicación que tienen esas redes sociales, es mucho mayor que el riesgo que se puede correr de ese lado.

Es decir, hay un principio de sensatez, de sentido común. Si no quieres que alguien se entere de algo tuyo, no lo pongas en Facebook.

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Una respuesta a Pedro Miguel: Periodismo y Tecnología (Parte III y final: Assange y Wikileaks

  1. Reblogueó esto en Antropología de la Realidad Virtualy comentado:

    « Provechoso evento para comentaristas deportivos de todo el país
    Julian Assange: podemos unirnos todos. »
    Pedro Miguel: Periodismo y Tecnología (Parte III y final: Assange y Wikileaks

    20 septiembre 2013 por Grupo Editorial
    Tomado del blog La Pupila Insomne

    Pedro Miguel entrevista a Julian a Assage

    Con este fragmento, que recoge el encuentro de Pedro Miguel en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí con blogueros cubanos sobre el modo en que La Jornada trabajó la información que le entregó Wikileaks y su visión sobre Julian Assange, a quien entrevistó en la embajada de Ecuador en Londres, cerramos esta serie con el editorialista de uno de los periódicos más influyentes en lengua española.

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