ARGENTINA DESDE CUBA.

Qué ven cuando nos ven

 Por Dolores Curia y Florencia Mártire

Ni Messi, ni Maradona, ni el dulce de leche, ni el tango. “¿Cristina o Macri?” es lo primero que dicen los cubanos al escuchar el acento argentino en cualquier rincón de La Habana. Sea un conductor de un almendrón, una guía de museo, un vendedor que recorre el malecón, profesionales de las carreras más variadas, la gente de a pie. Sin exagerar, a dos meses del “cambio” (la restauración del neoliberalismo en la Argentina encarnada en el triunfo electoral de Mauricio Macri), ningún cubano -fiel a su idiosincrasia- se calla y con la mirada clavada en los ojos pregunta por qué: “¿Por qué ganó Macri?”, “¿Qué pasó con la Cristina?” -la Cristina, que en boca de los habaneros no es ni Fernández ni de Kirchner-. Y como a los argentinos muchas veces el ombligo no nos deja ver más allá y como de la convulsión de una campaña electoral pasamos a unos primeros días de gestión igualmente convulsionados, replicamos la pregunta. Con el fin de repensarnos nos dejamos observar por ellos desde afuera (que también es un adentro), porque este país, emblema de la revolución, ha sabido ser solidario, tender lazos y hoy no puede evitar preocuparse por América Latina y su destino.

Aire cargado 

“La isla pese a todo se ha mantenido a flote”, dice una voz con sonrisa permanente en un bulevar del Vedado. “Acá durante el período especial resistimos nomás comiendo ideología, ¡y esto no se cayó!”, escuchamos más tarde en clase. Pero ahora, ¿hacia dónde va ese mapa rojo -rojo de alerta- que se va abriendo paso sobre el mapa de la región? En un pasillo del Museo de la Revolución alguien que reconoció nuestro origen nos dice al pasar: “¿Cómo está la Argentina? Tengo amigos allá que me han contado… los despidos, los decretos y lo que se ve venir. Pero ustedes no se tienen que quedar quietos. Tienen que salir a las calles. Si pudimos nosotros, pueden todos”. La que habla es una guía del museo.

De nuevo, la sensación, que ya es certeza, de que muchos cubanos nos miran y nos piensan, de que han seguido de cerca el breve proceso de la nueva/vieja Argentina: la elite empresarial –un ceogobierno, con ceofuncionarios- en los cargos estratégicos del Estado, los guiños a las nuevas divas del libre comercio, el desmonte de las medidas redistributivas del ingreso que habían sido aplicadas en los últimos años, la devaluación, los recortes y las balas para los que se quejen de ellos. Y los títulos: vuelve la normalidad.

Desde la isla, con un dificultoso acceso a Internet, no se pierden detalles de sucesos, cifras y nombres. También nos devuelven alguna sincera cachetada: “¡Que se jodan por burros!”, cuenta un joven estudiante cubano que su padre le gritó a la pantalla cuando lo vio bailar triunfal al nuevo presidente entre globos. “¿Que cómo está la Argentina? -le respondemos a la guía de museo- Aire cargado”.

 Patria es Humanidad

 Para Martha Gloria Vicente, integrante del Centro de Investigación de Política Internacional, la actualidad argentina es objeto de estudio y de desvelo: “Llego a la oficina pensando con qué noticia me encontraré de Argentina, ¡y sufro!, ¡Qué más les puede pasar! Y no es nuevo, cuando era estudiante, a principios de este siglo, sufría con todo lo que les pasaba en ese momento, el desempleo, y ese desastre económico, político y social al que los llevaron las trasnacionales, los bancos, la propia injerencia de los Estados Unidos. No dejaba de sorprenderme cómo un país con una tradición de justicia social tan marcada por (Juan Domingo) Perón y Eva Perón viera derrumbarse así su rumbo”.

No solo la Academia cubana se preocupa por el destino del país del sur. En la plaza, en las guaguas, en los barrios no dejan de preguntarse qué ocurrió en Argentina frente a cada novedad que llega. “Argentina tuvo un momento floreciente, se trabajó mucho hacia el pueblo, hubo mejoras económicas. No entiendo porque no soy del pueblo argentino pero no sé por qué gran parte del pueblo votó por él y no votó por el mismo camino que llevaban los Kirchner”, acota Orlando Fernández, cirujano de la clínica de H y 21, minutos antes de entrar a operar.

También muchos jóvenes cubanos se encuentran en un estado de sorpresa y automáticamente realizan un balance. “Si hay un recuerdo que tengo de Argentina, fue la crisis en la que tuvieron tantos presidentes en tan poco tiempo”, recuerda el periodista Diosmel Galano. “Así como llegó Fidel y mandó a parar todo lo negativo que había para el pueblo, aquí la idea es que Kirchner hizo lo mismo en Argentina. Tres lustros después, el regreso a patrones derechistas”. Diosmel es uno más de los que se preguntan qué falló en los argentinos, y arriesga su respuesta: “Parece que lo mismo que falló en Venezuela y está fallando incluso aquí, que posiblemente tenga que ver con la educación y la transmisión de los valores. Aquí se nos educa mucho en el sentimiento latinoamericano. Desde que somos niños aprendemos de (José) Martí la idea de que Patria es Humanidad y de que América es nuestra América. Por eso vivimos al pendiente de qué le pasa a nuestros hermanos del continente. Que Argentina, así como otros países, se baje del sueño martiniano, nos deja a nosotros muy solos como único estandarte”.

Al igual que Diosmel, Lázaro Mena cita a Martí para fundamentar su preocupación, de acuerdo al concepto de una América Grande con un mismo tronco común: “lo que pueda pasar allá también en parte nos afecta a nosotros, los veo como si fueran familia”. Este joven ingeniero náutico destaca las obras de contenido social realizadas por el kirchnerismo y piensa que durante ese período se logró eliminar una serie de deudas que arrastraba Argentina que podían frenar su desarrollo, como la de los fondo buitre. Frente a este nuevo giro que caracteriza de “conservador”, la preocupación reside en “volver atrás”.

Sobre la avenida G, a metros del busto de Salvador Allende, Julia dice con firmeza: “no entendemos por qué” respecto al cambio de Gobierno. Esta mujer, que es licenciada en Nutrición y trabaja en turismo, utiliza el nosotros inclusivo aunque vaya sola, porque está convencida de que esa es la visión común entre sus compatriotas. “Lo que sabemos es por las noticias de los medios, que no sé si son fielmente la verdad o no. Las elecciones son, ya tú sabes, cada uno desprestigia al otro y al otro, aquí no acostumbramos a eso”. Una vez más, la solidaridad de este pueblo se materializa en sus palabras y enmarca la cuestión en un plano regional: “Ahora en Bolivia también hicieron un referéndum y resulta que los bolivianos, todos los campesinos que estaban en la miseria, resulta que ganó el no, no quieren que salga Evo, usted sabe quién vendrá después. Venezuela está en el mismo caso, la asamblea se giró a la derecha”. Y para finalizar, recalcula: “No sé qué razones tendría el pueblo argentino para hacer eso”.

Habla, memoria, y haz

Si hay un elemento transversal en estos testimonios es la memoria histórica, aquella que según apuntan los cubanos evidentemente perdimos. La crisis del 2001 (sus causas y consecuencias) está más presente en su recuerdo que en el de la sociedad argentina. Memoria histórica que es indisociable de otros elementos como la sedimentación de una conciencia política que permita pensar y defender un proyecto a largo plazo. ¿Qué tan negro se ve el futuro? Para Martha Gloria dependerá de que tan pronto y que tan eficazmente se logre gestar un “nuevo sujeto social -o tal vez no tan nuevo, podría ser la misma expresidenta- que aglutine, y que más allá de la conciencia de clase, logre conciencia política. No pueden seguir siendo acciones aisladas, sino sentarnos a pensar cómo reposicionar la izquierda”. Y sin vacilar, asegura: “el papel de los jóvenes aquí es fundamental, del mismo modo que lo fue para el triunfo de nuestra revolución cubana”.

 

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