Destapando al Genio en el Instituto de Periodismo

Por Jorge Gorgoy Crespo

Ariel Terrero, director del Instituto Internacional de Periodismo José Martí y el cantautor Gerardo Alfonso, durante el homenaje a Guillermo Cabrera en el décimo aniversario de su muerte. (Foto: Yoandry Avila)

Hoy tus pasos se escucharon por los pasillos y aulas del Instituto Internacional de Periodismo  José Martí (IIPJM). Tu voz resonó clara y precisa en “El hueco” de esa institución y nuevamente fue precisa al dar consejos y aportar ideas. Eras un raro ejemplar: “regalabas ideas, no te las guardabas para ti”.Guillermo Cabrera, Victor Joaquín, tu amigo de la juventud, te trajo hasta la actualidad para conocer sobre tu capacidad de convencer, con solo 18 años, a aquellos que nada más conocían promesas incumplidas y miserias mal pagadas. Nos asustamos con tu desmayo y reímos cuando el médico te dijo que necesitabas un buen “sopón” para recobrar fuerzas.

Tu imaginario prodigioso te llevó a recorrer la ruta de Martí cuando desembarcó por Playitas de Cajobabo para escribir un reportaje para la revista Mella. Te confundieron con un agente de la CIA y te encerraron en un calabozo. Bandidos y ataques piratas pretendían atemorizar a los campesinos de Guatánamo.

La faceta de jefe duro nunca fue distintiva en ti. Era borrada por tus bondades e ingeniosidad. Aunque regañabas y criticabas a tus discípulos no se sentían ofendidos contigo, señalabas las cosas por su nombre e indicabas el camino correcto para que un texto tuviera impacto en los lectores.

Esos lectores a los cuales les estuviste respondiendo desde la revista Somos Jóvenes, de la cual eras fundador y director, los aconsejaste y les mostraste, con ejemplos, el camino a tomar en una sociedad que se estaba labrando su propio destino.

Los que te acompañaron, los feos, feas y poetas te continúan teniendo en presente. Eres un paradigma, aunque estoy seguro que ese término no te hubiese gustado para denominar tu obra y tu personalidad. Es imposible hablarte de otra manera, ese pronombre se impone porque eras un verdadero Genio, en el intelecto y en las relaciones humanas.

Fidel fue quien te denominó así. Hoy Katiuska Blanco nos contó que cuando el Comandante te nombró de esa forma le pasaste un papel a Tubal Páez, -era el presidente de la Upec y estaban en un Congreso-,  para que le dijera, a ese otro Genio, que solo aceptabas ese calificativo si él era Aladino y la lámpara.

Tu genialidad traspasa fronteras y desde otras partes de Latinoamérica llegaron mensajes para recordar tu anticipada despedida. Te fuiste en uno de los momentos más felices de tu vida. Compartías una tertulia con tus Tecleros.

Si los hubieras visto hoy. Seguro que los viste y los escuchaste. Eran ellos y las nuevas generaciones de Tecleros que te acompañan, no solo desde “El hueco” del Instituto, sino desde Holguín, Sancti Spiritus y en Guaracabuya.

Tania –Voz de Mandarina-; el Cañón, volvió desde Holguín para reencontrarte en este lugar, Mirelys, el joven doctor que te acompañó en tu última aventura al centro de la isla, ellos y muchos más, siguen hablando de ti en presente y te escucharon esta mañana.

No faltó quien te cantara una canción y ese fue tu amigo Gerardo Alfonso al cual interpelaste en plena calle para inquirirle cómo había sido tan profético en su canción cuando previó el regreso del Che. Y por ello, contigo recorrimos La Higuera y llegamos jadeando a la Quebrada del Yuro, para saldar nuestra deuda con ese argentino que lo dio todo por la Revolución.

Todos vimos crecer la palma que defendiste para que no fuera cortada cuando se reconstruía la vieja casona donde se erigió el IIPJM. Y también escuchamos los arañazos de “El niño”, el fiel perro que te acompañaba durante horas y horas en la oficina y reclamaba su lugar en los consejos de dirección o en las tribunas cuando tenías un acto o recibías una visita.

El mejor homenaje que se te puede rendir es continuar tu obra. No ser dogmáticos ni burócratas. Continuar derribando muros con la misma mandarria que usaste: la palabra escrita. Tu amigo Darío Machado dijo que: “Ser a lo Guille es un estilo de vida. Seamos entonces millones de Guille”.

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