Magali García Moré, infatigable guerrera de la vida y del periodismo

Directora; decana; madre; amiga. Este año, Premio Nacional de Periodismo José Martí

Maestra normalista y luego, voluntaria; reportera; corresponsal de guerra; directora; decana; madre; amiga; compañera; revolucionaria; y desde el pasado 22 de febrero, Premio Nacional de Periodismo José Martí. Y sí, hablo de la misma persona.

Hoy, a sus casi ochenta años, Magali García Moré evoca una vida llena de facetas; de altas y bajas; de batallas siempre justas; de lealtad a la Revolución y al Partido; y, sobre todo, con la convicción de haber hecho en cada momento lo que cada momento precisó de ella.

Madre primero, luego periodista

Los colegas del gremio que la conocen desde aquellas fechas en que comenzó a dar sus primeros pasos en el periodismo dicen que era deslumbrante: alta, vistosa, de exuberante cabellera negra y manos delicadas. Pocos se resistían a voltear la cabeza para admirarla.

Su llegada en 1966 al recién fundado periódico Granma fue la respuesta al llamado de la Unión de Jóvenes Comunistas y el Partido para la formación de nuevos profesionales de la prensa: “Mi participación en la lucha clandestina no había sido todo. Tenía ante mí una nueva posibilidad que me permitiría profundizar e identificarme con las necesidades de la población y las aspiraciones de una sociedad más justa por la que había luchado. Y no me arrepiento de haber elegido este camino.

“Debo acotar que cuando llegué a Granma, ya estaba casada y tenía tres niñas. La cuarta llegó cuando ya ejercía y estudiaba la carrera, al mismo tiempo. En otra oportunidad, refiriéndome a esta situación, expresé a una colega que me siento en deuda con mis hijas. No fue fácil ni para ellas ni para mí. Por suerte siempre pude contar con mis padres, que me acompañaban en cada nuevo empeño. Sin ellos no hubiera sido posible.

“Juan Marrero, Marta Rojas, Gaspar Jorge García Gallo y otros muchos que recuerdo por su profesionalismo y capacidad para orientarme en el complejo mundo de la noticia, la inmediatez y la intencionalidad”, comenta Magali y enfatiza que no puede dejar de mencionar en este recuento a Julio García Luis, —Julito para ella—, quien “fue la expresión más genuina del periodista comprometido y revolucionario, no solo por su conducta diaria sino por la claridad de su pensamiento”.

Describe la atmósfera de trabajo en el diario envolvente y difícil de sustraerse. No obstante, con un enorme esfuerzo, cursó las clases para trabajadores y en 1975 obtuvo el título de licenciatura en Periodismo.

Del periodismo y otros demonios

Doce años de noble desempeño de la profesión le valieron para ser nombrada directora del entonces diario Trabajadores, lo que la llevó a convertirse en la primera mujer en estar al frente de un periódico de alcance nacional en la historia de Cuba.

El conocimiento que como reportera adquirió del quehacer del movimiento obrero le dio herramientas para guiar al colectivo hacia una prensa que podía abordar un amplio abanico de temáticas, tratando problemas neurálgicos de la sociedad en su conjunto, y en específico, de los sindicatos. No hubo sector de la producción y los servicios que no fuera tratado. Fue tal la buena acogida de los lectores que en menos de 4 años se duplicó la tirada.

Dicho por ella misma era una búsqueda cada día y no pocos encontronazos: “Andar por el camino del buen periodismo acarreaba infinidad de incomprensiones e igual número de discusiones, cada vez que un director de empresa o un funcionario de menor nivel consideraba que lo estábamos ‘juzgando’. Siempre argumentaban problemas de forma y modo de decir.

“Muchas fueron las reuniones para discutir las cuestiones ‘inaceptables’, que siempre terminaban cuando no podían dar argumentos razonables ante mi pregunta de cuáles eran las supuestas mentiras manifestadas en tal o más cual reportaje”.

En conclusión: un camino lleno de experiencias que nutrió al colectivo y lo ayudó a crecer y madurar, sobre todo, bajo la constancia de que sí era (y es) posible un periodismo que respondiera a los intereses de la población, y en este caso específico, de los trabajadores.

Con igual entrega desde 1986 hasta 1989 dirigió la emblemática revista Bohemia.

De vuelta al “deber ser”

La vida está llena de ciclos. Magali García Moré tuvo la oportunidad de retornar a sus orígenes profesionales, cuando la nombraron decana de la Facultad de Comunicación. Reitera que nunca supo decir que no ante una nueva tarea. A pesar de los muchos años desvinculada del magisterio y la docencia evoca que los estudiantes lograron hacer su estancia verdaderamente aceptable y de signo positivo.

“La FEU y la UJC recibían con mucho entusiasmo las tareas que se debatían en las aulas y en el Consejo de Dirección. De ahí que se empezaran a tomar decisiones que cambiaron el ritmo de la vida de la institución. Todo debidamente aprobado y sin faltar a lo establecido.

“Te pongo ejemplos: aumentó el número de profesionales de la prensa que impartían clases prácticamente en todos los años de la carrera; se trató de fortalecer la práctica laboral en los diferentes medios, en los que se aprovechó más la presencia de los estudiantes, como una verdadera ayuda en las rutinas de producción diarias”.

Asimismo, en este período se introdujo, —aprobado por la Comisión de Carreras—, la especialidad de Fotografía, que posteriormente se volvió a eliminar; y se fortalecieron las asignaturas de periodismo, particularmente las referidas a la enseñanza de la radio y la televisión.

“En realidad, no quiero decir si fue mucho o poco lo que se hizo pues solo fueron dos cursos los que allí permanecí. Pero siempre agradecí a los estudiantes su favorable acogida a los cambios y a la esperanza de ganar en profundidad en estudios que reclamaban tales condiciones.  A todos los que ofrecieron su apoyo les estoy reconocida. Ese tiempo no fue perdido”.

Al mirar hacia atrás la Maga, como cariñosamente le dicen, reconoce que el quid de toda realización personal y profesional (especialmente en este gremio) está en el trabajo en equipo:

“La búsqueda por hacer un mejor periodismo me llevó a pensar que el análisis y abordaje de un asunto podía enriquecerse y multiplicarse con una participación en la que cada uno se acercara con su modo y lenguaje propios. Empecé a ponerlo en práctica desde Trabajadores, y siempre sin perder de vista las características de cada uno de los colegas”.

Dice que cuando oyó en voz de su hija Aurika el veredicto del jurado, no pudo contener la emoción desbordada en lágrimas desde la lejana Italia: “Ya estoy llegando a los 80 y no solo me alegra, sino que me confirma que parece que hice bastante bien lo que me propuse. Aunque más justo sería decir que es un premio para cada uno de los que integraron los colectivos de periodistas en los que trabajé durante todos estos años.

“Este premio es tan inclusivo que no se puede recibir sin profunda emoción. Es así para mí y no creo que alguien pueda recibirlo de otra manera”.

Por María Carla O´Connor

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